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La hora electoral
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 2 de noviembre de 2007

Política social de media tinta.

En los próximos cuatro años no se vislumbra, desde el Organismo Ejecutivo, iniciativas audaces, de avanzada, elementos transformadores que conviertan a las familias campesinas en sujetos y agentes de desarrollo. No habrá ni reforma agraria, ni fiscal. En eso son contestes los dos candidatos.

Es decir, debemos atenernos a “política social” de media tinta, dirigida a mantener a los pobres. Que no se nos mueran. Dios guarde. Lo que se ofrece: “compensadores”. Estarán de moda el hambre cero, ausentismo escolar cero y otros planes basados en transferencias dinerarias a familias pobres.

Una moda impuesta en América Latina, que toma auge desde Brasil, y que en Centroamérica ya acogió Nicaragua y el Salvador. México hace días que está en esto.

Es mejor que nada, ¡ni modo!, pero no suficiente. ¿Entonces, qué diferencia una propuesta electoral de la otra? Es simple: los énfasis, uno que propone garrote y vuelta al pasado represivo y que todo lo “resolverá”, con carácter, firmeza y decisión, pues no sabe decir más que eso. La formación académica y profesional no da para más. Y los verdes que enfatizan política social y diálogo.

La opción al votar es muy clara. Sin embargo, lo que preocupa pensando en una Guatemala profunda y del siglo XXI es perder otros cuatro años. Aun y cuando reconocemos que son un suspiro en el andar de la historia. Entonces, en este estrecho margen de escogencia, una corriente demócrata en el Gobierno puede permitir el espacio político necesario para la consolidación de la organización social y popular y la construcción de un frente amplio, inclusivo, cuya dirección, debe salir de lo más granado de las organizaciones de los pueblos indígenas, sociales y populares. Los intelectuales tienen en esto un reto, transformar sus consideraciones teóricas en práctica.

El reto es concreto y la demanda pertinente. Ahora bien, esta construcción requiere el ambiente político adecuado para concretarla, no es cierto, como dicen algunos “cuadros de la revolución” guatemalteca, que entre más “jodida” esté la cosa, habrá más organización y el pueblo se alzará. No sucedió ni en los peores momentos, la cosa no es mecánica, la represión inmoviliza. En este sentido, los énfasis resultan determinantes a la hora de elegir. Auguramos entonces una elección por el espacio político y no por la represión. Una elección para el avance y no para el oscurantismo.

Estamos por escribir un rasgo de la historia colocados frente a la necesidad de preservar la inteligencia y dar un sí a la vida. Somos un pueblo libertario, con sabiduría y vocación democrática. Esta generación no debe fallar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 011107


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