Fomento de los granos básicos
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 12 de marzo de 2010
Es una situación absurda generada por la desigualdad y la pobreza: hambre en un país rico. Mantiene a la mitad de nuestros niños con retraso en su desarrollo físico y mental, arrastrando como consecuencia una serie de taras que perdurarán a las generaciones futuras. Este “orgulloso” primer puesto en desigualdad en América Latina, lejos de ofrecer sombras de vergüenza a los responsables de la situación: políticos y el capital, justifica –nada más– alargar la mano y solicitar la condolencia internacional. Esto, ante la incapacidad del esfuerzo propio: el país no genera empleo, no promueve ni facilita el acceso a medios de producción –más bien los concentra– y con una renta nacional abigarradamente centralizada. No producimos más que lástima al mundo.
Las tasas impositivas en el país resultan irrisorias si se comparan con el nivel de ingresos del decil más alto de la población. Su monto es criticado por el resto del mundo, incluidas las instituciones financieras internacionales, sin embargo de allí no se pasa. El gobierno, este y los anteriores, totalmente debilitados, no tienen ninguna posibilidad de imponer criterios impositivos redistributivos. Son tigres de papel frente a los capitales. En tal sentido optan por la acción asistencial. Creciendo bien, con el gobierno de la Gana, y ahora la bolsa solidaria y demás ingredientes, con el “gobierno de la esperanza”. Esto no resuelve, sin embargo se crea en la sensación en las familias, sumidas en la miseria, que se trata de gobiernos que ayudan, que son sensibles, que son buena onda con los pobres. El concepto de derechos no pasa por la mente corroída por la pobreza extrema. Cualquier alcance gubernamental se atribuye a la magnanimidad del benefactor.
Esta carencia nacional de posibilidades encuentra en la lucha campesina e indígena la luz al final del túnel, esto es la propuesta lanzada por la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC) y la Coordinación de ONG y Cooperativas, en un trabajo conjunto con el diputado independiente Aníbal García, al presentar al Congreso de la República la iniciativa de Ley de Fomento al Cultivo de Granos Básicos, y recientemente –en el marco de la Alianza de Desarrollo Rural y el apoyo de otros grupos parlamentarios– de la Ley de Desarrollo Rural Integral. Estas iniciativas que buscan generar empleo, producción y comercio en el campo no deben pasar inadvertidas para la sociedad, merecen su apoyo y ojalá la aquiescencia de los diputados para transformarlas en ley. La población pobre no requiere dádivas, lo que requiere son medios para el trabajo y la producción.
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