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Crímenes a la carta
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 1 de junio de 2005

En la principal cárcel del país, los reos hacen de las suyas.

En Guatemala se puede encontrar un menú de múltiples opciones criminales para satisfacer cualquier apetito, por morboso que éste sea. Hay asaltos diarios en autobuses, atracos en las calles, combates entre fuerzas de seguridad y delincuentes, fugas espectaculares, asesinatos a mansalva, linchamientos, atrocidades contra las mujeres, suicidio de niños, muertes de jóvenes, violencia intrafamiliar, depredación de flora y fauna (crímenes contra la naturaleza); y la lista puede continuar con fluidez.

Esta diversidad de desventuras tiene como denominador común: la impunidad con que se ejecuta la barbarie, la indiferencia y complicidad de las autoridades y los grados de deshumanización que genera.

Consideremos algunos casos paradigmáticos. El ombusdman colocó el tema en la agenda mediática. Una jovencita de apenas 14 años, que se encontraba supuestamente resguardada en un albergue, fue brutalmente asesinada de 76 puñaladas; y por supuesto que, como era mujer, primero la abusaron sexualmente y le provocaron sufrimientos a golpes.

En el occidente del país se reportó un repunte de los linchamientos, mientras que en la capital, dos supuestos delincuentes fueron asesinados dentro de un bus y lanzados a la calle, cual animales roñosos, sin que aparentemente generaran algún sentimiento, ni siquiera de lástima.

En la principal cárcel del país, los reos hacen de las suyas, deciden, definen, mandan e imponen. Desde sus celdas (y a veces posiblemente saliendo subrepticiamente de ellas) realizan negocios, ordenan secuestros, planifican y hasta ejecutan asaltos.

Las autoridades de Gobernación se mueven entre peliculescas imágenes mediáticas con chaleco antibalas y metralla en mano, hasta humillantes declaraciones donde abdican del poder penitenciario reconociendo a los mismos reclusos como gobernantes.

Atrás de estas oscilatorias posturas se encuentra la ausencia de políticas de seguridad y la incapacidad del Estado para garantizar a la ciudadanía la seguridad pública. Subyace en el escenario donde se manifiesta el menú delincuencial la telaraña del crimen organizado.

Mientras tanto, la población se desespera, principalmente los sectores populares que son las víctimas cotidianas de la criminalidad. Y siendo la desesperación una mala consejera, pareciera estarse gestando el escenario donde el público clame por soluciones militares y autoritarias, lo cual caería como anillo al dedo para la nueva estrategia estadounidense de volver a involucrar a los ejércitos de la región en labores de seguridad interna, haciendo cada vez más borrosos los prematuramente envejecidos recuerdos de paz.

Fuentes: www.prensalibre.com


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