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Impunidad continuada
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 17 de agosto de 2005

¿Incapacidad del MP o audacia de los saqueadores del Estado?

Es frecuente escuchar en diversos círculos sociales, lo increíble que resultan las decisiones y fallos judiciales en relación con casos paradigmáticos: jueces y magistrados que absuelven, que otorgan medidas sustitutivas o atenúan penas y delitos.

En concordancia con esto, los fiscales del Ministerio Público (MP), ente encargado de la investigación, favorecen la impunidad al actuar con total negligencia, incapacidad y lentitud en estos casos (imaginémonos cómo operarán en otros menos relevantes).

Son difíciles de creer los argumentos jurídicos que logran deslegitimar tantos delitos. Es una agresión a la inteligencia colectiva que el desfile de pruebas y señalamientos en el caso del ex presidente Portillo no conduzcan a su extradición.

Probablemente en éste y otros hechos, tendremos que esperar a que disfruten de todo el dinero mal habido, como hizo Pinochet en Chile, para que la justicia los alcance en las postrimerías de sus corruptas vidas.

¿Cómo aceptar que Wohlers no tiene responsabilidad en un ilícito que comprometió millones de quetzales que pertenecen a personas que se enfrentan a diario con la escasez de medicamentos? En este caso el ente investigador y parte del tribunal (con la honrosa excepción de la juez Jassmín Barrios) comparten deshonores.

Ejemplos sobran. Los ex agentes de la SAIA acusados de haber cambiado 10 kilos de cocaína por yeso en polvo fueron absueltos, Álvaro Colom fue dejado en libertad, etc. ¿Incapacidad del MP o audacia de los saqueadores del estado?

Sólo falta que absuelvan a Óscar Dubón, ex contralor general de Cuentas, procesado por actos anómalos en el ejercicio de su función y a Marco Tulio Abadío, acusado de desfalco en la SAT, ya que aquí la lógica judicial funciona a la inversa.

De seguir así, tendremos que aceptar que las penas y las cárceles son para quienes no tienen para pagar defensores hábiles, experimentados y con capacidad de traficar influencias.

El esfuerzo de los medios de comunicación por presentar investigaciones serias, con una cantidad apabullante de información sobre la corrupción, contrasta con los resultados antes mencionados.

Al comparar los datos y detalles publicados con los resultados judiciales, los receptores de los mensajes escritos, radiales y televisivos desarrollan un sentimiento de frustración y desconfianza en el sistema.

Sin respuestas adecuadas a los reiterados ilícitos cometidos, será muy difícil alcanzar la necesaria confianza en el estado y una entusiasta participación ciudadana en la fiscalización y auditoría social. Estamos ante un riesgo severo de que el escepticismo y el nihilismo colectivo prevalezcan.

Fuentes: www.prensalibre.com


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