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Rápidos y drásticos
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 14 de septiembre de 2005

Hace falta un gobierno encabezado por estadistas, trabajando en equipo, respaldado por una dirección partidaria responsable.

El Informe sobre Desarrollo Humano en el Mundo correspondiente a este año, que recientemente presentó el PNUD, hizo una advertencia a los países que, como el nuestro, van muy rezagados en el cumplimiento de las “Metas del Milenio”.

Los cambios para regular las desigualdades, respetar los derechos humanos, erradicar la corrupción y, sobre todo, vencer la pobreza, deben ser drásticos y rápidos. Entre los cuatro países más desiguales del mundo, junto a Namibia, República Centroafricana y Brasil, tomando en cuenta sólo sus niveles de ingresos, se encuentra Guatemala.

Y es que, si pensamos que el 20% más pobre de la población de Indonesia y Vietnam recibe de tres a cuatro veces más ingreso nacional que el 20 por ciento más pobre de nuestro país, la comparación asusta.

Probablemente, para muchos la costumbre rebasa su sensibilidad. Hay realidades que se colocan entre lo folclórico, como las humildes viviendas a las orillas de los caminos que “hasta parecen nacimientos” o las covachas en las laderas de los barrancos que aparentan estar prendidas ahí. Parece normal ver niños deambulando por las calles y natural que haya pobres y ricos.

Los más afectados con la desigualdad son quienes sobreviven en el área rural. Las condiciones infrahumanas en que se encuentra el 56% de pobres y el 16% de los extremadamente pobres, que subsisten con apenas 1 dólar diario, exigen respuestas inmediatas. No se puede esperar milagros, ni tratados de libre comercio ni la generosidad de los sectores económicos.

Mientras no se impulsen compromisos serios de estado, tales como los que recientemente sancionó el presidente en la Ley de los Acuerdos de Paz, no podrá abordarse adecuadamente este caos. Ante semejante realidad no son paliativos los que se necesitan.

Se requieren transformaciones de fondo, de índole estructural. Hace falta un gobierno encabezado por estadistas, trabajando en equipo, respaldado por una dirección partidaria responsable, que asuman realmente el compromiso de construir un país distinto, incluyente, que busque el desarrollo, no sólo para los mismos de toda la vida, sino para el principal elemento constitutivo de nación: la población entendida como mayorías.

Esta radiografía que tomó el PNUD, más las 37 desgracias que nos señaló el reciente informe del procurador de los Derechos Humanos, nos colocan en un escenario donde lo menos que podemos esperar es la frustración colectiva, la muerte prematura de niños y sectores vulnerables, la miseria y la injusticia generadora de conflictividad.

No sólo por las Metas del Milenio, sino por razones de humanidad, la situación debe cambiar en Guatemala.

Fuente: www.prensalibre.com


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