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Futuro incierto
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 7 de diciembre de 2005

Vemos una ausencia de opciones políticas coherentes.

Tenemos plena conciencia de nuestra responsabilidad social como periodistas y como columnistas de opinión. No queremos contribuir a sumar argumentos para la desesperanza, pero también asumimos el compromiso de compartir reflexiones que apunten a analizar sobre las opciones que, como sociedad, como país y como estado, tenemos.

Venimos de un trágico pasado cuyas causas, consecuencias y sufrimiento persisten. El gobierno de Arzú tuvo el gran acierto de firmar los acuerdos de paz y también la responsabilidad de no haberlos ejecutado con la profundidad debida.

Portillo y sus secuaces, a través de discursos populistas y ofertas demagógicas, capturaron la simpatía popular, especialmente por sus ataques al sector privado, contra quien esgrimió toda clase de argumentos que prendieron en la gente.

Lastimosamente, esas ofertas y grandilocuencias no se tradujeron en un plan de gobierno que contribuyera a mejorar las condiciones del país. Por el contrario, el ahora perseguido por la justicia y su partido, el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), crearon las mejores condiciones para que el crimen organizado, el narcotráfico y prácticas de corrupción descomunales, reinaran en el Estado.

Las intenciones de ese desgobierno, su falsedad y propósitos aviesos salieron a la superficie muy tarde, demasiado tarde para un pueblo que, a través de la democracia, ya había ejercido su derecho a equivocarse en la elección de sus autoridades.

Hace dos años, la gente, lo más importante de un Estado, con nobleza y candidez, respondió entusiasmada ante la opción empresarial que aparecía carismática y bonachona. Haciendo a un lado sus amargas experiencias con lo que ha sido en la historia el dominio de los actores económicos, le dio su voto a Óscar Berger.

Pero la ceguera de los actuales gobernantes y de quienes están atrás del él, ha hecho que el presente prácticamente lo tengamos perdido como país, el rosario de tragedias cotidianas lo comprueban: inseguridad insoportable, feminicidio, violencia, carencias, injusticia social y económica, todo lo que se traduce en la cada vez más recurrente calificación de estar frente a un Estado fracasado.

Pero lo más grave es que el futuro lo tenemos incierto. Con una clase política sin clase, carente de dirigentes capaces, honestos y visionarios. Vemos una ausencia de opciones políticas coherentes.

Este mal presagio nos encuentra divididos como sociedad, desconfiados y hasta confundidos en relación a posibles salvadores del país. Si las cosas siguen así, tendremos que optar por el mal menor y eso no es elegir. Tenemos dos años de presente antes de decidir sobre el futuro incierto.

Fuente: www.prensalibre.com


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