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Ahorren su aguinaldo
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 14 de diciembre de 2005

La distancia entre los emolumentos de los altos funcionarios y los empleados en general, excede los límites de lo razonable.

Estamos en los días del consumismo exacerbado, disfrazado de espíritu navideño. Los centros comerciales están abarrotados de clases medias, la mayoría empobrecidas. Algunos compran y muchos solamente pasean, motivados por los múltiples atractivos publicitados. El ínfimo aguinaldo ha sido disputado por la publicidad desde hace varias semanas.

Desafortunadamente, para los pocos empleados que tengan su momento de realización consumista en diciembre, la cuenta vendrá con la cuesta de enero.

El Estado será el primero en resentirlo, aunque no los privilegiados funcionarios y diputados con los salarios que engalanan sus importantes atribuciones. Es repudiable pensar en las enormes desproporciones que existen entre los ingresos de quienes sirven al Estado. Aunque muchos consideran que debe dignificarse y retribuirse con elevados emolumentos a quienes tienen en sus manos funciones públicas estratégicas, nosotras consideramos que la desproporción excede los límites de lo razonable.

La distancia entre los emolumentos de los altos funcionarios y los empleados en general se equipara a los niveles de desigualdad prevalecientes en el país. Igual sucede con el destino de los recursos a los que se tiene acceso.

Mientras que unos, los pocos de “arriba”, pueden gastar en bienes superfluos y tienen la capacidad de ahorro, otros, los muchos empleados “de abajo”, lo único que pueden guardar para su futuro son las múltiples necesidades personales y familiares acumuladas.

Veamos el ejemplo de los diputados, recientemente consultados por algún medio sobre el destino de sus aguinaldos. Los que aparecen más sensatos hablan de ahorrarlos para “su después”. Lástima que la mayoría de la población no puede seguir esos ejemplos, no por derrochadores, sino porque no tendrán acceso a tal privilegio.

Los y las ciudadanas guatemaltecas estamos ávidas de un poco de cordura de parte de las autoridades y de nuestros representantes en el Congreso. Es urgente que se den cuenta de la ruta en la que estamos transitando como sociedad. Que vean hacia adentro de sus instituciones, de sus organismos, de sus partidos, para que no sea demasiado tarde cuando intenten reaccionar.

Los actuales altos funcionarios y dignatarios son los llamados a enderezar este torcido rumbo.

Ya tuvieron su época de cosechar, ahora debería ser la oportunidad de labrar para el futuro colectivo, para no ser repudiados como sus antecesores, para contribuir a irnos quitando de encima esos vergonzosos primeros lugares en inseguridad, pobreza, exclusión y desigualdad.

Será difícil, pero ojalá que la razón se imponga sobre la ambición.

Fuente: www.prensalibre.com


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