Éxodo
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 20 de diciembre de 2006
Urge encontrar alternativas.
La migración se considera uno de los grandes fenómenos globales de esta era. Está tan generalizada como la desigualdad. La movilidad de personas va en aumento. “Cuando el hambre llega, el hombre se va”, reza un adagio popular.
Tal vez la diferencia ahora es la feminización de la migración, rostros velados que ocultan tanto las penurias y abusos que enfrentan las mujeres, como sus inmensos sacrificios, comparados únicamente con el amor que los inspiran y las remesas que envían a sus seres queridos.
La directora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Thoraya Ahmed Obaid, en un mensaje con ocasión del Día internacional del migrante, conmemorado el recién pasado 18 de diciembre, afirmó que se estima que en todo el mundo hay 195 millones de personas que se han marchado de su lugar de origen en busca de una vida mejor.
Esta es considerada la cifra más alta registrada en cualquier otro momento de la historia. Se ha señalado también que si quienes migraron residieran todos en un mismo lugar, formarían un país cuya población lo situaría en el quinto sitio entre los más populosos del mundo, después de China, India, Estados Unidos e Indonesia.
En Guatemala, este fenómeno ha originado circunstancias curiosas, como la existencia de pueblos fantasma, de mujeres viudas de maridos vivos, o de lutos sin muertos.
Datos del UNFPA reportan que 49.6 por ciento de todos los migrantes internacionales son mujeres; muchas llevan consigo a sus hijos e hijas, otras van con los corazones desgarrados, dejando atrás a los suyos, emprendiendo una y otra vez el camino, dando pasos sin parar, regresando para retomar el rumbo, burlando vigilancias, hasta llegar a esos lugares idílicos donde encuentran nuevos dramas y desafíos que, al igual que los desiertos, caminos y trayectos testigos de sus heroicas travesías y de la precaria vida que han dejado atrás, los asumen con fortaleza, tenacidad, resistencia y perseverancia, sin sucumbir ante las adversidades.
Las y los guatemaltecos en el extranjero constituyen uno de los principales motores de la economía nacional, a través de las remesas que envían, esfuerzo que nunca es apreciado.
Las noticias sobre el torrente de deportados son alarmantes. Sin duda nuestras(os) connacionales están viviendo verdaderas sicosis por el temor de las redadas, y a pesar de los intentos de la Cancillería por detener las deportaciones, éstas continuarán.
Urge encontrar alternativas y analizar las propuestas para garantizar el mínimo cumplimiento de los derechos humanos de los y las migrantes, pero sobre todo, para reducir las causas que originan la decisión del desarraigo.
Fuente: www.prensalibre.com |