Amenaza de muerte
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 27 de diciembre de 2006
Históricamente, la situación de la salud reproductiva de las mujeres guatemaltecas ha sido un grave problema.
Entre los indicadores de desarrollo humano, la salud ocupa un lugar privilegiado. Esto tiene lógica, ya que es fundamental para gozar de una buena calidad de vida, trabajar, producir y disfrutar de cualquier otro privilegio que tengamos.
Sin embargo, este gran beneficio personal no es apreciado en su justa dimensión, no es promovido suficientemente, ni por el Estado ni por las autoridades y personal responsables de su atención, quienes generalmente no cumplen con eficiencia su función, olvidan el juramento hipocrático y estafan a la ciudadanía.
Para muestra, basta recordar los cinco meses de huelga en los hospitales nacionales, que -originados en una justa demanda- degeneraron en un simulacro de negociación, que en realidad lo que buscaba era obtener beneficios personales para sus impulsores.
Pero más allá de esas conductas inhumanas y poco éticas de quienes se prestaron al jueguito que dejó a miles de miles de personas de escasos recursos fuera de los servicios del sistema de salud, de por sí precario, hoy queremos abordar un tema vinculado, pero enfocado a la situación de las mujeres.
La Organización Panamericana de la Salud ha reportado que las muertes maternas son un indicador de la disparidad y desigualdad entre los géneros, en diferentes latitudes geográficas y sectores sociales o en un mismo país. La magnitud del problema refleja la posición y condición de las mujeres en la sociedad y su limitado acceso a los servicios sociales, sanitarios y nutricionales. Históricamente, la situación de la salud reproductiva de las mujeres guatemaltecas ha sido un grave problema.
Las muertes maternas todavía se deben a las mismas raíces históricas, y el 95 por ciento ocurre por causas obstétricas directas, de las cuales la hemorragia es responsable de la mitad. Las infecciones, la hipertensión inducida por el embarazo y las complicaciones asociadas al aborto ocasionaron el resto de esas muertes.
En un año, 21 mil mujeres fueron hospitalizadas por complicaciones provocadas por 65 mil abortos, lo que significa que 178 féminas se someten diariamente, de manera voluntaria, a una intervención para interrumpir un embarazo, lo que convierte al aborto en la tercera causa de mortalidad materna.
El Fondo de Población de Naciones Unidas ha insistido en que la salud sexual y reproductiva emerge como un asunto prioritario para adolescentes y jóvenes. Los datos citados lo confirman.
Y como siempre, son las indígenas las más vulnerables. Sololá encabeza las estadísticas de mortalidad materna. Tenemos derecho y exigimos que en 2007 se humanice la salud, lo que implica políticas públicas adecuadas y, por supuesto, presupuesto.
Fuente: www.prensalibre.com |