Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Testigos omnipresentes
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 24 de enero de 2007

Las guerras, el crimen organizado, los criminales y los esbirros acechan a los profesionales de la información.

La libertad de expresión y opinión es uno de los mejores ejemplos de la enorme dificultad de equilibrar y garantizar las distintas libertades y derechos humanos. Es estandarte e indicador del estado de una democracia, pero al mismo tiempo sus defensores y detractores intentan interpretarlo, manejarlo y manipularlo a su antojo.

Su ejercicio puede ser contradictorio cuando se contrapone a otros derechos igualmente válidos y legítimos.

El relator especial sobre la Promoción y Protección del Derecho a la Libertad de Expresión y Opinión, Abid Hussain, en un informe de enero de 2000, reafirmó que “el derecho a buscar, recibir y distribuir información no es sólo un corolario de la libertad de opinión y expresión, sino un derecho en sí mismo, uno de los que sustentan las sociedades libres y democráticas. Se trata también de un derecho que dota de contenido al de participación, que a su vez se considera fundamental, por ejemplo, para el ejercicio del derecho al desarrollo”.

Es de enorme significado, entonces, que la población tenga la oportunidad, opción y posibilidad de enterarse, de manera veraz, plural y equilibrada, de lo que sucede en su entorno. Allí radica la importancia social del periodismo.

El año que recién terminó ha sido calificado como el más trágico y sangriento en la historia del periodismo. Los asesinatos de 155 reporteros en todo el mundo lo atestiguan. Las guerras, el crimen organizado, los criminales y los esbirros que acechan a los profesionales de la información son los culpables de esta situación.

Pero resulta que hay también otras amenazas que se constituyen en peligrosas limitantes para el ejercicio de esta profesión. Ahora, irónicamente, provienen del sistema de justicia, garante de un estado de Derecho.

Jueces, fiscales y la misma legislación pretenden que quienes tienen por atribución relatar hechos y trasladarlos a la opinión pública se conviertan en testigos omnipresentes de los mismos ante los tribunales y órganos de investigación penal. Esta tendencia se ha intensificado en Estados Unidos, que irónicamente se precia de ser garante de derechos individuales, pero también lo estamos viviendo en Guatemala.

La connotada escritora, intelectual y periodista Margarita Carrera fue víctima de esta arbitrariedad, al ser obligada a convertirse en testigo presencial de un hecho notorio, vergonzoso y escandaloso como fue la quema de la Embajada de España.

El Ministerio Público debe rectificar esta actuación de algunos de sus empleados. Tiene que asumir este error y evitar que se repita. De no hacerlo, será responsable de violentar una garantía constitucional.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.