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No descansaron
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 11 de abril de 2007

Todavía estamos a tiempo de que se haga lo que el marketing electoral subdesarrollado no aconseja, pero que la democracia requiere.

Piquetes en las carreteras, vallas por todos lados, mensajes televisivos, radiales y en los diarios (cuando circularon), mantuvieron presente, durante la Semana Santa, una campaña electoral que supuestamente no ha comenzado, pero que en la realidad no se detiene.

Sin embargo, los candidatos (as) seguramente sí aprovecharon el feriado para descansar y acumular la energía que requerirán los cinco meses de intensa campaña que les esperan.

Y nosotros, los pasivos receptores de este bombardeo mediático, tuvimos que soportar este martirio adelantado que no respetó el correspondiente a la religiosidad de la época.

Así que si estas fueron las vísperas, usted puede imaginarse lo que viene. Prepárese para que cada vez que escuche la frase: "Campo pagado" le caiga encima la mano dura que amenaza, la esperanza que desespera, el Rambo que ha demostrado lo que es o cualquier otra de esas tantas tonaditas pegajosas, con las cuales los candidatos apelan a la voluntad de los apetecidos electores, quienes ansiaremos que lleguen las elecciones para que pare, finalice, el suplicio de la saturación propagandística.

Lamentablemente, cada vez más, la imagen suplanta al contenido, convirtiendo la contienda electoral en una carrera mercantil por lograr que la mano del sufragante cruce determinado símbolo partidario, en un acto inconsciente, manipulando una voluntad para que actúe sobre la base de la superficialidad o el reflejo condicionado; como quien al llegar a una tienda pide, empujado por un impulso irreflexivo, la pasta dental cuyo nombre le fue fijado en el subconsciente por una publicidad que produjo un mensaje subliminal, colocado en el tiempo y forma más adecuados.

Pero todavía estamos a tiempo de que se haga lo que el marketing electoral subdesarrollado y primitivo no aconseja, pero que la democracia requiere. Aún podemos pedirle a quienes compiten por conquistar el voto, que expliciten sus definiciones ideológicas, políticas y programáticas. Que no piensen en quedar bien con todos, expresando vacías ambigüedades.

Que se posicionen ante los graves problemas nacionales. Que defiendan sus ideas y que no dependan oportunistamente de lo que las encuestas digan. Que renuncien a la imagen superficial, al mensaje subliminal y a la manipulación emocional del elector.

Que hagan de la campaña electoral una pedagogía democrática que fortalezca la cultura política de nuestro pueblo.

Cualquiera podría decir que estas pretensiones son propias de la ingenuidad o del desconocimiento del carácter histriónico del discurso político. Pero yo pienso que es una necesidad para la consolidación y legitimidad del régimen democrático.

Fuente: www.prensalibre.com


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