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Mejor en helicóptero
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 1 de junio de 2007

Estamos en una sociedad con una involución acelerada hacia el salvajismo.

El tema de seguridad es uno de los más sensibles en el país, a pesar de los grandes rezagos que nos caracterizan en aspectos sustantivos como salud y educación; sin embargo, a la población, la inseguridad la atormenta.

Según algunas fuentes, el promedio de muertes violentas diarias en la capital es de 14, dato que puede asombrar a cualquiera que no sea guatemalteco. El director de uno de los hospitales nacionales declaró hace pocos días que aproximadamente 40 personas son ingresadas en ese nosocomio diariamente, por heridas causadas por armas blancas o de fuego.

Muchas promesas hemos recibido de los gobiernos de turno para resolver el problema, que es tan grande como el déficit cuantitativo y cualitativo de la Policía Nacional Civil (PNC). La ministra de Gobernación, Adela de Torrebiarte, se lamentó de que en la dependencia bajo su mando hay 23 mil elementos en total, o sea, dos por cada mil habitantes, cuando en otros países similares al nuestro hay ocho.

De ese número mil 500 están suspendidos, tres mil cuidan a personalidades o edificios, o entregan notificaciones y, de ajuste, ¡el Organismo Judicial requiere más efectivos para cuidar a su personal! Son tantos los consumidores del servicio público de seguridad que sus titulares ya no saben qué hacer.

El director de la PNC, Julio Hernández, ha manifestado su preocupación por las múltiples demandas de las organizaciones de derechos humanos que requieren protección, sin que la PNC tenga los suficientes agentes para brindarla adecuadamente.

Los únicos que no necesitan ese servicio son aquellos que no se movilizan en las peligrosas calles del país, que transitan debidamente acompañados de su ejército de seguridad privada, que utilizan el cielo patrio para trasladarse en sus helicópteros a sus viviendas, empresas o mansiones de descanso.

Esta exclusiva clase social no padece la angustia cotidiana del pueblo que, atónito, se entera de asesinatos, a diario, de pilotos, mecánicos, transeúntes, dirigentes deportivos, vendedoras, amas de casa, niños y cientos de personas más que han perdido la vida en esta orgía de violencia incesante.

La delincuencia ha alcanzado tal grado de descomposición que, recientemente, en la zona 7, uno de los autores de un atraco resultó herido, y sus compañeros, al ver que no podían llevarlo consigo, lo asesinaron.

No cabe duda de que estamos en una sociedad con una involución acelerada hacia el salvajismo. Todos y todas tenemos que hacer algo pronto. No podemos esperar al candidato salvador, que jamás llegará. La presión social, el compromiso solidario y las decisiones acertadas y viables de las autoridades son la alternativa.

Fuente: www.prensalibre.com - 300507


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