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Avisen si hay cambio
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 26 de junio de 2007

La ciudadanía todavía puede hacer el esfuerzo inmenso de recuperar confianza y optimismo.

El vicepresidente Eduardo Stein, en un intento por llamar la atención de los contendientes en esta anodina y desesperante campaña electoral, ha solicitado a los secretarios generales de los partidos no hacer de la violencia el caballito de batalla de los mítines políticos. Si no fuera porque la cultura de la muerte nos abruma, ese llamado sería celebrado por la mayoría de la población y, tal vez, los políticos le pondrían alguna atención.

Sin embargo, las 23 mil muertes violentas ocurridas entre el año 2000 y el 2005, el femicidio galopante, los crímenes a mansalva de los pilotos de buses y de los indefensos pasajeros, las muertes violentas de cientos de niños y niñas, la saña en los homicidios cotidianos, los atracos y demás actos que lesionan nuestra vida e integridad física, no permiten que ese tema deje de ser relevante en la oferta de campaña.

Pero siguiendo la lógica del vicepresidente, es muy atinado su llamado, si partimos de considerar los gravísimos problemas estructurales que aquejan a nuestro país, colocado en el puesto 117 a nivel mundial, el último lugar del istmo centroamericano, en relación con el índice del Desarrollo Humano.

Organismos Internacionales han revelado que en Guatemala un 20% de la población percibe menos del 2% de los ingresos nacionales. El 56% malvive por debajo de la línea de pobreza, lo que significa que son 7.3 millones de personas las que no pueden satisfacer sus necesidades básicas y están concentradas principalmente en las áreas rurales, ahí donde ahora transitan, con un cúmulo de ofertas estilo merolicos, los alegres y coloridos candidatos, que se hacen los ciegos para no ver los latifundios y minifundios, la falta de desarrollo rural, la pobreza de los trabajadores del campo y de sus familias que atestiguan estos datos que cobijan la desigualdad.

El tema agrario y rural, ese sí que es tabú, provoca agrias reacciones de los oligarcas que cierran filas cuando se menciona.

Tampoco se ocupan los candidatos (as) de explicar cómo vamos a descender del primer lugar que ocupamos en América Latina en el área de desnutrición crónica, donde se encuentra ubicado el 49.3% de los niños menores de 5, sufriendo un flagelo que los marca para toda la vida, ya que es un factor determinante para el desarrollo cerebral. Mientras que los pocos ricos guatemaltecos pueden garantizarle a sus descendientes, hasta las próximas 4 ó 5 generaciones, una cómoda forma de vida.

Entre las ofertas de campaña tampoco se incluye una reforma tributaria globalmente progresiva; por el contrario, se apresuran a negar que tengan alguna intención de aumentar los impuestos, lo que implica la continuidad del status quo, ya que el Estado no contará con recursos para la inversión social.

Y qué decir del deterioro ambiental y de la protección a nuestros recursos naturales, tema que la mayoría de postulantes no conoce, no se interesa o bien evita, para no enfrentar poderosos intereses locales y foráneos.

El envenenamiento de las aguas, la escasez del vital líquido, la deforestación, la contaminación, la afectación de los ecosistemas, son temas que en esta contienda no tienen cabida. Las causas de la migración y la atención a las mismas sólo se perciben desde la perspectiva de su aprovechamiento electoral.

Pero, a pesar de todo, la ciudadanía todavía puede hacer el esfuerzo inmenso de recuperar confianza y optimismo. Los partidos tienen posibilidad de enderezar sus propuestas y de atender los diagnósticos, los acuerdos de paz, la Agenda Nacional Compartida y las agendas sectoriales. Avisen si las van a tomar en cuenta y digan cómo lo van a ejecutar y, sobre todo, a financiar.

Fuente: www.prensalibre.com - 250607


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