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Milenio urbano
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 27 de junio de 2007

La urbanización es inevitable, pero puede tener efectos positivos.

El informe del Fondo de Población (Unfpa), dado a conocer ayer, revela información que muchas veces hemos analizado en sentido inverso. El crecimiento de las ciudades será el factor con mayor impacto en el siglo XXI y, sin embargo, dice, es poco lo que se hace para maximizar los beneficios del crecimiento o reducir sus consecuencias perjudiciales.

El aumento de la proporción de residentes urbanos respecto del total de la población, o sea la urbanización, es inevitable, pero puede tener efectos positivos. Esa es la primera afirmación de la investigación que devela las aparentes contradicciones en relación con la concentración de la pobreza, la contaminación, la afectación del medio ambiente, el incremento de la violencia en las ciudades debido a la gran concentración de personas en las mismas.

Los pobres constituirán una gran proporción de la población urbana, crecimiento que será consecuencia del aumento vegetativo y no de la migración, por lo que los gobiernos deben poner especial empeño en el compromiso de conseguir espacios urbanos más humanos, que permitan mejorar la vida de la gente, con gestiones adecuadas y con información verídica para aprovechar el potencial y prevenir desastres.

El informe es un llamado a la acción ante un fenómeno creciente que debe ser aceptado, en respeto al derecho de los pobres a residir en la ciudad y abandonar los intentos de desalentar la migración e impedir el crecimiento urbano. El uso de este espacio debe ser debidamente regulado, planificar de antemano para que sea sostenible y con ello minimizar la “huella ecológica”.

Uno de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, la reducción a la mitad de la extrema pobreza en el 2015, se librará en los tugurios del mundo. Las ciudades poseen ventajas para lograrlo, pero no se plasman en la práctica. Los pobres tienen vidas insalubres, están hacinados, habitan en lugares contaminados y peligrosos, sin agua potable ni saneamiento, lo que incide no sólo en su desarrollo físico sino que psicológico, y agrava la posibilidad de violencia.

Si se mejora la vivienda urbana, el efecto sobre la pobreza y el bienestar social sería palpable, reporta el Unfpa.

Estos reveladores datos y criterios descalifican las irresponsables acusaciones en contra de la población rural que, desesperada, se desplaza a las ciudades en la búsqueda legítima de una vida digna.

Ya basta de culparlos de todo, los políticos tienen un instrumento para abordar adecuadamente los problemas y diseñar las políticas públicas idóneas y adecuadas al tamaño de las inmensas e insatisfechas necesidades de los pobres de este país, que en su mayoría tienen orígenes rurales.

Fuente: www.prensalibre.com


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