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Nos corresponde
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 4 de julio de 2007

De nada sirve el reconocimiento retórico de las debilidades, si no se aplican los correctivos en forma urgente y apropiada.

Hace unos días, se llevó a cabo una reunión donde se expresó la solidaridad con los defensores (as) de derechos humanos, así como la preocupación y condena a los reiterados atropellos que han sufrido las entidades que trabajan en la protección de éstos.

La reunión fue convocada por Anders Kompass, representante de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para estos derechos. Se presentó un informe de las organizaciones de derechos humanos, correspondiente al primer cuatrimestre del año, que reporta una violencia superior a los años anteriores.

Las agresiones incluyen asesinatos, secuestros, allanamientos, amenazas y actos de intimidación. Los ambientalistas, los defensores del derecho a la justicia, los campesinos, entre otros, han sido los más afectados, pero también se ha atentado contra organizaciones de la cooperación internacional que apoyan este trabajo.

La Embajadora de los Países Bajos expresó la preocupación internacional por la incapacidad manifiesta del Estado para detener esta violencia, y solicitó al Ejecutivo, al Ministerio Público y al Organismo Judicial hacer todo lo posible para investigar, proteger y prevenir estos hechos, e hizo ver la necesidad de rescatar al Estado. Recordó que las organizaciones afectadas buscan apoyar los derechos de quienes luchan por transformaciones sociales en el país.

Los diplomáticos, una vez más, abogaron por la aprobación de la Cicig, lo cual, dijeron, sería una señal de la voluntad real de enfrentar los poderes paralelos.

Este instrumento de lucha contra la impunidad ha sido bloqueado, una y otra vez, con diferentes argumentos y, aunque se han hecho esfuerzos gubernamentales para ir superando los obstáculos encontrados, sus detractores se las ingenian, debidamente asesorados, para inventar nuevos. El partido FRG se resiste abiertamente a discutir en el pleno la aprobación de la Cicig, pero hay otros actores que se oponen taimadamente.

Ante esta problemática planteada en dicho evento, todos y todas somos responsables, por acción u omisión. El Gobierno, por sus inmensas debilidades, que saca a relucir cotidianamente; los políticos, por el manejo clientelista de estos graves problemas durante la actual campaña electoral; y la sociedad civil, por sus divisiones, rivalidades y protagonismos, que no permiten la construcción de la correlación de fuerzas para enfrentar al mal.

Hoy, de nuevo, son otros los que colocan los temas, nos defienden y alertan sobre los peligros existentes. Los poderes paralelos están ahí y avanzan. De nada sirve el reconocimiento retórico de las debilidades, si no se aplican los correctivos en forma urgente y apropiada.

Fuente: www.prensalibre.com


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