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El reto ambiental
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 18 de julio de 2007

A pesar de que el nuestro es un país de vocación forestal, el 36 por ciento de sus suelos se dedica a la agricultura, y la continua deforestación ha reducido en más de 50 por ciento las áreas forestadas.

Si los aspirantes a cargos de elección popular tuvieran conciencia ambiental, estarían aterrados de resultar triunfadores en la contienda electoral que se avecina. No es para menos, el acelerado deterioro del medio ambiente que nos envuelve constituye una enorme barrera por vencer, en medio de un cúmulo de adversidades, entre ellas, la falta de presupuesto y la multiplicidad de intereses que bloquean las soluciones requeridas para darle la salida adecuada a esta problemática que es de vida o muerte.

El manejo racional de los recursos naturales no genera ningún interés para los políticos, quienes ofrecen lo que la gente quiere escuchar, y como a la población -agobiada por otros problemas ingentes- éste le es ajeno, simplemente queda fuera.

Esto lo dejaron muy claro los presidenciables la semana anterior, cuando -a excepción de Alejandro Giammattei, de la Gana, y Marco Cerezo, de la DC- ninguno de los demás invitados asistió al foro organizado por la Coalición Ambiental, donde se les presentó la agenda mínima sobre esta materia.

La situación de deterioro y degradación ambiental en Guatemala es alarmante. A pesar de que el nuestro es un país de vocación forestal, un 36 por ciento de sus suelos se dedica a la agricultura, y la continua deforestación ha reducido en más de 50 por ciento las áreas forestadas.

El 99 por ciento de las fuentes de agua disponibles está contaminado. Actualmente, sólo se trata el 43 por ciento del agua para consumo humano, lo que convierte a este recurso en la mayor causa de mortalidad infantil.

De las 332 municipalidades, sólo 15 tratan sus aguas residuales. El costo que pagamos por este servicio insustituible es por el suministro, no por su producción o por su tratamiento. Las decisiones que tome la siguiente administración serán determinantes para que en los próximos cinco años no haya crisis en la distribución del vital líquido y para evitar el agravamiento de la inseguridad que estamos enfrentando. Ya expertos adelantaron que las próximas guerras en el presente siglo serán por causa de su aprovechamiento.

La desesperación de los candidatos por asegurarse su triunfo los obnubila y los incapacita para valorar lo estratégico del tema. No se trata de la necedad de los ambientalistas, sino de la cantidad de problemas gravísimos que se desencadenarán, de no atenderlo de manera adecuada y urgente. La distribución del agua, de manera equitativa, a tres millones de habitantes, sólo en el departamento de Guatemala, es sólo una muestra.

Pero, además, se vislumbran conflictos sociales relacionados con el acceso a los recursos naturales básicos que incrementarán las causas estructurales de la inseguridad ciudadana.

Fuente: www.prensalibre.com


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