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Negocio perverso
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 6 de agosto de 2007

Guatemala es el cuarto proveedor mundial de adopciones internacionales.

Desde hace varios años fue colocado en la agenda de los medios el secreto a voces sobre el lucrativo negocio de las adopciones internacionales, que implica las redes involucradas, la captación de infantes para la exportación, los países receptores y algunos de los mecanismos de funcionamiento.

Esta perversión de una institución regulada en el Código Civil como “el acto jurídico de asistencia social por el que el adoptante toma como hijo propio a un menor que es hijo de otra persona” fue motivo de preocupación internacional, al grado de que una representación de la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado llegó al país, para estudiar el caso y emitir las recomendaciones respectivas.

Guatemala es el cuarto proveedor mundial de adopciones internacionales, en proporción a su población, es decir que estamos entre los primeros exportadores de niños. Investigaciones periodísticas revelaron que casi cada dos horas y media un(a) pequeñito (a) es dado en adopción.

El negocio creció tanto como la demanda. Las empresas en competencia se vieron obligadas a acudir a la publicidad por Internet; en páginas web, donde sin ningún pudor se han ofrecido seres humanos como simples mercancías. Algunos de los ofensivos anuncios ofrecen lo siguiente: “Niños saludables de ambos sexos”, “Niños mayores y con necesidades especiales también están disponibles”, “Disponibles lindos niños hasta de nueve días de nacidos, corto tiempo de espera”, “Viaje frecuentemente a Guatemala para conocer a su bebé, la visita le incluye una guía de viajes, visita a la Antigua y asistencia durante todo el proceso”.

Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña han sido los destinos principales. Aunque en este país de lo insólito poco nos puede sorprender, en el 2005 los niños se encontraban en el segundo lugar de los tres productos no tradicionales de mayor exportación, después de los químicos, le siguen las flores y las plantas.

Desde entonces, las Naciones Unidas ha solicitado que el Estado realice las diligencias, las cuales actualmente, en un 99%, son notariales. En mayo recién pasado, el Congreso aprobó la adhesión de nuestro país al Convenio de La Haya que regula y norma las adopciones entre países signatarios. La fecha de vigencia de este Convenio será el próximo 31 de diciembre, fecha en la cual Guatemala deberá contar con una ley de adopciones coherente con el Convenio en referencia.

La ratificación de dicho convenio es plausible y rectifica el rumbo, en atención de criterios de numerosos juristas, entre ellos Mario Fuentes Destarac, quien en junio del 2005, aportó argumentos para rescatar la institucionalidad de la Convención de Adopciones, que había sido suspendida por resolución de la Corte de Constitucionalidad anterior.

Recientemente, los delegados de la Comisión de la Haya hicieron entrega al Presidente del Congreso de la República de una serie de recomendaciones para ser incluidas en la Ley de Adopciones, en las cuales se incluye la solicitud de terminar con las adopciones notariales y con el pago por las mismas, incentivos económicos que desnaturalizan la institución y permiten que se aprovechen de la situación de necesidad en que se encuentran muchas mujeres guatemaltecas.

El Legislativo debe promulgar esta ley, en atención de las recomendaciones de la Comisión de La Haya. De esta manera se podrá reivindicar la noble institución de la adopción y se desbaratará esa cadena siniestra de profesionales (notarios, médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, hoteleros...) y funcionarios, quienes esconden en la apariencia de legalidad, negocios espurios.

Este es otro tema con el que la Cicig podría contribuir a investigar, para desbaratar las mafias existentes.

¡Se les acabó el perverso negocio!

Fuente: www.prensalibre.com


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