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Suicidio colectivo
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 22 de agosto de 2007

Abandonemos la indiferencia que nos conduce a un pantano inmundo.

Cuando un sistema de justicia es inoperante, la población puede llegar a ser víctima de la irracionalidad.

Es aterrador lo que, según algunos medios, sucedió en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, donde dos supuestos maleantes fueron obligados a un combate a muerte, cuerpo a cuerpo, al estilo gladiadores.

El premio era la vida de quien resultare victorioso. El triunfador incineró a su contrincante y, posteriormente fue detenido, aunque los vecinos pedían su libertad.

La escena fue presenciada por un policía, uno de los dos que realiza patrullajes en un lugar habitado por 70 mil personas. La escasez de agentes de la Policía es uno de los eslabones de la cadena que enlaza innumerables actores, incluidas las comunidades que han sido víctimas de un sistema que, además de sumirlas en la pobreza, las inunda de ignorancia y desesperación.

Nadie puede abstraerse de la responsabilidad que le corresponde. El Gobierno, por su incapacidad, que ha provocado la ausencia del Estado en casi todas las esferas de la vida pública.

El sistema de justicia, por su acomodamiento y por haber tolerado la cooptación de algunos funcionarios por los poderes fácticos; por disfrutar de privilegios que les garantizan lujos y espacios, sin honrar su ministerio.

La cooperación internacional, por exceso de confianza y no exigir cuentas, ni fiscalizar las millonarias inversiones en el fortalecimiento de un sistema de justicia que ha reproducido la peste, dando como resultado la impunidad bastante generalizada.

Las autoridades locales, que han sido incapaces de imponerse y de ejercer autoridad, también se han dejado cooptar por la negligencia y por los poderosos. Otra parte de responsabilidad la debemos asumir como sociedad por permitir todas estas arbitrariedades que nos están arrastrando al vacío.

No es el mejor momento para hablar de estos temas que, seguramente, serán aprovechados por la miscelánea de candidatos, expertos en ofertas imposibles, pero es urgente que denunciemos este sistema y que lo repudiemos.

Que exijamos la restitución de la ley y del Estado. Que se tomen medidas urgentes para que estos hechos no se repitan. Que nos denunciemos nosotros ante nuestra conciencia para responder ¿qué estamos haciendo para reivindicar los valores y los principios que se han ido a exiliar a otras partes, aterrados por lo que sucede?

Abandonemos la indiferencia que nos conduce a un pantano inmundo donde todas(os) nos hundiremos. Los asesinatos de pilotos, el femicidio, los linchamientos, las muertes violentas de niños, este circo romano que ahora comentamos y otras crueldades, nos muestran la urgente necesidad de atajar la deshumanización.

Mañana, tal vez nosotras(os) mismos(as) lo veamos con naturalidad.

Fuente: www.prensalibre.com


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