Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Mitos y prejuicios
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 29 de agosto de 2007

El diagnóstico está colocado; el próximo gobierno debe considerarlo.

Cada año, más de medio millón de mujeres pierden la vida en el mundo por causas asociadas al embarazo, y 99 por ciento ocurre en países en desarrollo. Información del Fondo de Población de la ONU ha dado cuenta de que, en Guatemala, por cada mujer que fallece, hay al menos otras 10 con graves complicaciones durante el parto, algunas de las cuales causan secuelas permanentes.

La falta de servicios y de orientación sobre salud materna de las guatemaltecas se traduce en mortalidad materno-infantil, a lo que el médico Érick Álvarez, de la Asociación Guatemalteca de Obstetricia, agrega que de los 350 mil embarazos reportados en el 2006, la mitad concluyeron en un parto en la vivienda de la mujer, muchas veces sin los cuidados profesionales adecuados.

Pero para colocar las cosas más en contexto, digamos que la tasa de mortalidad materna entre la población maya es 80 por ciento superior al promedio nacional. El Banco Mundial ha confirmado en sus informes que el uso de los servicios de salud es menos frecuente entre la población indígena.

El 27 por ciento de mujeres indígenas embarazadas no recibe atención prenatal, en comparación con 18 por ciento de mujeres ladinas embarazadas; 15 por ciento de las mujeres indígenas son atendidas en hospitales, en contraste con 51 por ciento de las mujeres ladinas.

Hay muchos enemigos confabulados en contra de la salud de las mujeres indígenas. Los escasos servicios de salud son los principales, pero igualmente importantes son los mitos y los prejuicios, que se expresan en el temor al qué dirán los vecinos, los padres, el conviviente o, inclusive, los ancianos de la comunidad.

Sin embargo, hay que tener presente que las causas de esta problemática son estructurales, pues la miseria está instalada mayoritariamente entre la población indígena, y se interpone entre las víctimas y los prestadores de servicios de salud.

Los tabúes en esta materia siguen existiendo, por lo que hay gran dificultad para tratar temas relacionados con la salud reproductiva. Es difícil hablar de pruebas citológicas, de controles prenatales, de atención profesional prestada por hombres, de educación sexual, etcétera. Esta realidad social no sólo niega a las mujeres derechos fundamentales, sino que las coloca en una situación de riesgo inminente, que acrecienta la espiral interminable de riesgos.

También hay problemas relacionados con los proveedores de servicios de salud, que, en ocasiones, se manifiestan en la incapacidad de las pacientes para entender los mensajes, o la incomunicación originada en la poca o nula posibilidad para llegar con información en los idiomas maternos, completando el cuadro de dificultades el desconocimiento de la cosmovisión indígena.

Así que el diagnóstico está colocado; el próximo gobierno debe considerarlo.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.