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No estamos muertos
Por Ileana Alamilla- Guatemala, 17 de septiembre de 2007

Hacen falta las instancias de mediación política.

Transcurrido el evento electoral, en su primera vuelta, abundan los análisis, reflexiones, críticas y autoelogios. Parte de la izquierda más tradicional, representada por URNG-Maíz, se ha atrincherado en su autocomplacencia con el “triunfo” alcanzado.

Se enorgullecen de poder continuar, aunque sea en estado de inanición y casi en coma, en el sistema de partidos políticos. Sus dirigentes se han autoproclamado como la verdadera izquierda, invariables en el estilo que los ha aislado y reducido a su mínima expresión.

Hasta su militancia consecuente y de reconocida trayectoria rechaza esos posicionamientos y la negativa a la autocrítica. Su llamado ha sido a entender el error, asumirlo y construir las alianzas que permitirán abrirle camino a un modelo distinto, menos excluyente y más democrático.

La otra, la hoy enterrada ANN, queda en el recuerdo de sus militantes que con mística construyeron el partido, lo mantuvieron y trabajaron intensamente para alcanzar algún resultado.

Estos cuadros no tuvieron posibilidades ni de emitir opiniones, mucho menos de ser tomados en cuenta. Los dirigentes decidieron, impusieron, negociaron y vendieron algunas casillas para diputaciones, emulando a los partidos tradicionales.

Encuentro por Guatemala (EG), otra modalidad de izquierda, resultó igualmente debilitado, a pesar de haber generado expectativas en sectores democráticos y de contar con una reconocida personalidad como candidata presidencial, lo que significó un hito en la historia de nuestro país, tradicionalmente excluyente, racista, clasista y machista. A Rigoberta Menchú le afectó su distanciamiento de los pueblos indígenas, las diferencias no resueltas, así como las rivalidades.

La otra lideresa de EG, Nineth Montenegro, tampoco tuvo la suficiente convocatoria electoral para que su partido emergiera con fuerza en el escenario político.

Pero como si esto fuera poco, los métodos de conducción en los partidos aludidos, que han contribuido a esta desventura, continúan sin rectificarse. Se sabe que se prohibió la crítica, que no hay disposición de tratar el tema para encontrar las raíces del fracaso, el que se imputa principalmente a la perversión del sistema, a la falta de recursos, a la exclusión en los medios o a la animadversión provocadora de algunos... Tampoco se contempla la posibilidad de pasar la estafeta a ese liderazgo joven, preparado, entusiasta y carismático de esas organizaciones políticas. O sea, que esa izquierda piensa seguir con más de lo mismo.

La derecha, hoy medio dispersa y apuntándole a varias opciones, tiene asegurado su modelo y lo único que van a disputar es quiénes se verán más o menos favorecidos en sus negocios con el próximo gobierno, que será afín a sus intereses, gane quien gane. Los más atrasados y recalcitrantes están felices con la derrota de la izquierda, los ilustrados y orgánicos saben que ésta apunta a la posibilidad del debacle de la democracia.

Pero el duelo hay que vivirlo y sufrida la pérdida hay que echar para adelante. Los más de ocho millones de pobres en Guatemala no merecen que los lamentos se extiendan mucho en el tiempo. Hacen falta las instancias de mediación política que expresen claramente los intereses de esos sectores mayoritarios en número, pero insignificantes en representación política.

Así que, mientras Guatemala ocupe el primer lugar en desigualdad en la región y el cuarto en el mundo, se acentúa la necesidad de la izquierda. Habrá que construir el instrumento para la continuidad de la lucha por la transformación social. Hay que darle impulso a la creatividad en un espacio donde quepamos quienes queremos empujar el cambio.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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