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Tres mitos
Por Ileana Alamilla- Guatemala, 24 de septiembre de 2007

Falta mucho, pero no es despreciable lo avanzado.

En estas elecciones se develaron hechos que contradicen algunos mitos relacionados con las identidades prevalecientes en la expresión política. Es necesario reflexionar sobre ellos para definir estrategias de lucha por cambios profundos que se basen en realidades y no en imaginarias quimeras.

Este razonamiento también es importante para no hacer “cuentas alegres” cuando intentemos prever resultados electorales.

En primer lugar, hay que reconocer que la participación de indígenas, no sólo en las filas de votantes, sino en espacios de poder local, se incrementó, lo cual constituye un cambio cualitativo positivo para la democracia.

Según la Asociación Guatemalteca de Alcaldes y Autoridades Indígenas (Agaai), 129 alcaldías serán administradas por personas de estos grupos étnicos durante el período 2008-2012, siendo los departamentos con más municipalidades en manos de indígenas Huehuetenango, con 22; Sololá, con 17; San Marcos, Quiché y Quetzaltenango, con 14 cada uno. Mientras que hay cuatro en el departamento de Guatemala. El resto de alcaldes indígenas fueron electos en el norte y oriente del país.

En Sololá, de 19 municipios, salvo en Panajachel, donde se eligió a un mestizo, y en San Marcos La Laguna, en el que está pendiente de confirmarse al ganador debido a que hubo disturbios en ese lugar, el resto será gobernado por alcaldes indígenas, mientras que de las tres diputaciones elegidas por este departamento, dos son mayas.

Esto, indiscutiblemente marca un cambio significativo; es el anuncio de una nueva época; es la trilla para que transiten las futuras generaciones de quienes históricamente han sido excluidos. Falta mucho, pero no es despreciable lo avanzado.

Sin embargo, hay que observar que los electos no integran un partido maya, cada uno se postuló en diferente agrupación política o comité cívico, lo cual significa que los indígenas, como ciudadanos, tienen sus propias inclinaciones políticas e ideológicas, al margen de su identidad étnica. No fue que el movimiento liderado por Rigoberta Menchú los aglutinara a todos. Este es uno de los mitos derrumbados.

El otro tiene que ver con las mujeres. Hubo 106 candidatas a alcaldesas, y al final sólo tendremos ocho mujeres en las 332 alcaldías. Similar situación prevaleció en el caso del Legislativo, ya que de 398 candidatas, únicamente 14 serán mujeres, de los 158 diputados.

Y lo que es más notorio: teníamos la opción de una en la candidatura para la Presidencia, pero el voto de nosotras, que somos la mayoría en el país, no se inclinó por el partido que la postuló, lo cual también es indicador de que no es el género lo que define la opción política, sino que hay otros factores que deben ser considerados por el movimiento para alcanzar, por las vías necesarias, las justas reivindicaciones de las mujeres. Este es el segundo mito caído, ya que evidentemente nosotras no necesariamente votamos por mujeres.

Y el tercer mito cuyo colapso se atisbó en estas elecciones, aunque ya hay antecedentes, es el religioso. Algunas iglesias evangélicas aclararon públicamente que su adscripción religiosa no definía su identidad política partidaria y que, por lo tanto, Viva no era necesariamente la opción de los protestantes.

Algo similar sucedió hace 12 años, cuando católicos votaron por Serrano, que era evangélico. No parece que haya identidad de tipo confesional en la expresión política.

El desplome de estos mitos es positivo para la democracia, en Guatemala y en cualquier parte del mundo. No se trata de despreciar identidades, ni sus justas reivindicaciones, pero las opciones políticas no pueden ser construidas con criterios segregacionistas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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