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La marca de la paz
Por Ileana Alamilla- Guatemala, 15 de octubre de 2007

Hay que evitar que los acuerdos de paz sean un recuerdo.

Los “recuerdos de paz”, como sus eternos detractores suelen referirse a ese proceso de trascendencia estratégica para el país, fueron analizados en un valioso esfuerzo plasmado en un libro del doctor Henry Morales, el que se comentó por voces expertas que hicieron un recuento de logros y desaciertos en el impulso de esos compromisos de Estado que han sido tan vilipendiados.

La característica amnesia de nuestro pueblo encuentra en esas reflexiones una oportunidad para ir recuperando la memoria sobre el drama que estuvo a discusión durante 10 años entre actores civiles y militares de cuatro gobiernos y la insurgencia, representada por la URNG, y en donde, por primera vez, se trataron los temas vitales para el país, ignorados a lo largo de nuestra historia.

Durante la negociación, el sector económico, temeroso de que se produjera una redefinición del Estado y el reconocimiento de realidades y derechos que nunca habían querido aceptar, puso resistencias que irónicamente contaron con el apoyo inconsciente de muchas organizaciones de la sociedad civil, que una y otra vez rechazaron el esfuerzo y lo estigmatizaron, señalándolo de excluyente y elitista.

La participación de la comunidad internacional fue un factor clave para el avance del objetivo, ya que el papel de la moderación facilitó y, en muchos casos, desentrampó las negociaciones. El proceso contó con la enorme solidaridad de países amigos, entre ellos, México, que por cierto fue ignorado en un reciente acto organizado por la Secretaría de la Paz, en el que el Gobierno entregó reconocimientos a los participantes, pero se olvidó del generoso aporte del país vecino, sede de la mayoría de reuniones, lo que confirma nuestra casi nula memoria, agravada en este caso por el desagradecimiento vergonzoso hacia un país que nos tendió la mano cuando lo necesitábamos.

El estudio de Morales hace un balance crítico, y pretende motivar el debate y análisis sobre este aspecto fundamental para nuestro futuro, basado en la reflexión sobre los aportes y resultados de la cooperación internacional, que ha invertido más de US$7 mil millones en este intento, siendo Estados Unidos, Japón y Cuba los mayores donantes. Propone el autor plantearse nuevos retos y modalidades de cooperación que permitan alcanzar mejores resultados y terminar con la percepción de frustración que existe sobre esta ayuda.

Los panelistas dieron aportes para iniciar la discusión; entre ellos, que la cooperación internacional es co-responsable de los limitados alcances de la paz, que no es su obligación resolver los problemas estructurales, que la sociedad civil y el país están onegeizados, y que cada actor en lo individual y con su interpretación quiere construir “su sociedad con su proyecto”.

Debido a nuestros infortunios recurrentes, casi nunca podemos advertir lo positivo, pero siempre hay alguien que lo rescate, y en este caso fue Raquel Zelaya, quien al valorar estos logros, señaló que la agenda de la paz está contenida en otras propuestas, como las Metas del Milenio o el Plan Visión de País, y lo importante es que el Gobierno asuma su impulso y que la sociedad civil, sin prejuicios ni pretensiones de cogobernar, se constituya en esa masa crítica de acompañamiento.

Hay que evitar que los acuerdos de paz sean un recuerdo. Al enterrarlos, olvidaremos a todas las víctimas del conflicto; urge retomar la discusión y apreciar sus contenidos. Hay un peligro latente de que los próximos gobernantes los invaliden y suplanten por propuestas neoliberales. Ya tenemos indicios de este riesgo. Estos compromisos son una conquista que debe ser desarrollada de acuerdo con la realidad prevaleciente.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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