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El que daña, no paga
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 5 de diciembre de 2007

En Guatemala el mayor desafío radica en frenar la deforestación y la quema de combustibles fósiles, y controlar las fábricas de cemento, cal y carbonato.

Qué razón tenían los “radicales ambientalistas” que reclamaban atención para el planeta; sus reiteradas advertencias se han ido cumpliendo, no poco a poco, sino aceleradamente.

Hoy enfrentamos un cambio acumulativo e irreversible a nivel mundial, que producirá catástrofes económicas y humanas, lo que plantea el reto global de frenar esa desquiciada carrera depredadora, tarea que nos corresponderá a todos (as), aunque no seamos los responsables del deterioro ni hayamos disfrutado de los beneficios de haberlo infligido.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008, llamado “La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido”, presenta datos y análisis científicos que argumentan sobre el ritmo acelerado y en mayores magnitudes que las normales del deterioro de la Tierra.

Se ha alterado el ciclo normal de nuestro planeta, pero, como siempre, pocos son los que contribuyen a enfrentar esta tragedia, cuyas peores consecuencias las sufrirán los países y sectores sociales “vulnerables”.

Es decir que lo más preocupante no es sólo el cambio en sí, sino el acelerado ritmo que se ha observado. Once de los 12 años más calurosos desde 1850 se concentran entre 1995 y el 2006.

Uno de los principales retos es evitar que la temperatura de la Tierra aumente más de dos grados centígrados, y ¡ya estamos cerca de esa frontera!, según se revela en el estudio. Traspasar ese umbral será condenar a nuestra descendencia a una vida plagada de dificultades.

Entre los países con mayor responsabilidad en estas alteraciones están Estados Unidos, Canadá, la Federación Rusa, el Reino Unido y, en América Latina, Brasil, cuyas gigantescas huellas ecológicas nos alcanzan a todos(as).

Ya hay daños irreversibles en la única casa que nos cobija, aunque todavía tenemos la oportunidad de, al menos, mitigarlos. Los cambios que deben ser impulsados son drásticos y apremiantes, e implican medidas urgentes y políticas adecuadas y ambiciosas, señaló Beath Rohr, coordinador residente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Guatemala, quien manifestó que se requiere suprema solidaridad de parte de los países desarrollados con los países subdesarrollados que poco han tenido que ver en el problema.

Esos riesgos climáticos incrementan las desigualdades, porque son los países subdesarrollados los más afectados y con menor capacidad de protegerse. Las variaciones del clima dañarán la agricultura, el acceso al agua y un aumento en riesgos de salud.

En Guatemala, el mayor desafío radica en frenar la deforestación y la quema de combustibles fósiles, y en controlar las fábricas de cemento, cal y carbonato, que son parte del problema. Hay que contribuir a la solución global.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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