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Estigmas y percepciones
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 19 de diciembre de 2007

Recientemente, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó un informe estadístico sobre la violencia en el país, una trágica realidad cotidiana que preocupa más a la población que el propio costo de la vida o el desempleo, pero que, además, afecta y obstaculiza el desarrollo humano, al imponer costos directos e indirectos al Estado, que se traducen en gastos para la atención de sus efectos, con la consiguiente distracción de recursos que podrían ser utilizados en políticas sociales.

En general, el Informe hace ver que, para la economía guatemalteca, durante el año anterior, el gasto que se dedicó a la seguridad y que podría haberse utilizado en inversión productiva, significó 7.3 por ciento del PIB.

En sólo siete años, la violencia homicida creció 120 por ciento, ya que tales hechos delictivos aumentaron de dos mil 655 ocurridos en 1999 a cinco mil 885 en el 2006, mientras que la población crece a un porcentaje inferior, que corresponde a menos del 2.6 por ciento anual.

Las tasas de homicidio son de las más altas de América Latina, junto con las de nuestros vecinos, El Salvador y Honduras, lo que nos sitúa entre los tres países más violentos del continente.

Los expertos señalan que, si se tratara de un problema de salud pública, ya sería una epidemia, porque los muertos son más de 10 por cada cien mil habitantes. En el 2006, la tasa de homicidios fue de 47 por cada cien mil, habiendo llegado en la capital a 108.

Otro dato importante revelado por el PNUD es que las regiones donde la violencia homicida se manifiesta con mayor fuerza no corresponden a las zonas habitadas por la población pobre e indígena.

El estudio refiere dos dimensiones de la inseguridad: la objetiva, que toma en cuenta los datos reales, y la subjetiva, que mide el nivel de temor o percepción sobre el fenómeno. En el primer caso, se aclara que hay una cifra oculta: aquellos hechos no denunciados debido a la falta de confianza en el sistema de justicia, y que usualmente son los robos, asaltos, etcétera.

Otra realidad trágica que refleja el Informe es que víctimas y victimarios son personas jóvenes, aspecto sumamente alarmante, ya que la juventud se está matando entre sí. Un dato interesante al respecto es que la percepción del marero como principal victimario ha disminuido.

La conclusión más importante es que, de acuerdo con el Informe que comentamos, los altos índices de violencia e inseguridad están relacionados con la exclusión social y la falta de aplicación de la ley, aspectos que se vinculan y refuerzan mutuamente, lo que implica que su atención es indispensable para la gobernabilidad y la democracia. ¡Otro reto para el próximo gobierno!

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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