Nada que celebrar
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 10 de mayo de 2008
Noticias aterradoras nos despiertan cada día. Si no es el asesinato de un piloto, es un joven apuñalado o un matrimonio ametrallado, o bien estadísticas sobre la enorme cantidad de vidas truncadas de mujeres, la mayoría jóvenes, arrebatadas de sus hogares por criminales que las torturan, las violan y les quitan la existencia. ¡Solo en este año han asesinado a 162! ¿Y qué decir de las imágenes de esa madre que perdió a su hijo en el accidente de la Vuelta del Chilero y que tiene a otro en estado de coma por la irresponsabilidad de pilotos y empresarios que menosprecian la vida humana?
¿En qué clase de sociedad vivimos y estamos fomentando, si no reaccionamos ante la barbarie que tenemos enfrente? Las cárceles son como una excursión al infierno, a un mundo desalmado e inhumano, donde energúmenos cometen atrocidades con sus semejantes, los decapitan, les amputan las extremidades superiores y les sacan los ojos.
En el umbral de la celebración del Día de la Madre es justo reivindicar el sufrimiento de miles de mujeres de nuestro país que han pasado por los suplicios más cruentos que puede tolerar el ser humano: el secuestro, el asesinato o tortura de sus hijos, madres que para su infortunio sobrevivieron a sus descendientes, o la progenitora del subdirector del centro de prisión preventivo de Chimaltenango, descuartizado por sus victimarios.
También debemos erigir monumentos a las madres y prácticamente magas de los miles de niños que se encuentran en estado de pobreza y pobreza extrema, por el milagro de haberles dado la vida en sus paupérrimas condiciones y por construirles escudos para que sobrevivan en ese lacerante entorno en el que los hemos situado con nuestra indiferencia y tolerancia a la injusticia.
Otras heroínas de la historia patria son las viudas de esposos vivos que esperan toda la vida a su conviviente, quien, en busca de mejorar su vida, se lanza a las fauces de coyotes que los guían a nuevas tragedias, lejos de su patria y de los suyos. Pocos vuelven por su voluntad, otros son deportados y muchos pierden la existencia en el intento. Las mujeres en todos los casos tienen que inventar para pagar las deudas y sostener a los pequeños.
Y una tragedia reciente en la que están involucrados profesionales inescrupulosos de diversas ramas, pero principalmente notarios (as), médicos, enfermeras o trabajadoras sociales, que se benefician de la desgracia ajena. Esas madres, por necesidad, temor o engaño entregan a sus hijos en adopción, a cambio de un pago o simplemente porque no pueden sostenerlos. A otras les son arrebatados en hospitales, en las calles, en sus casas y andan deambulando de un lado a otro sin consuelo, cual lloronas modernas inconsolables y sufridas, víctimas de nuestra sociedad.
El Movimiento Social por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud ha exigido a las autoridades verificar la situación de dos mil 938 niños que están en proceso de adopción bajo el amparo de la ley anterior. La Procuraduría General de la Nación tiene que priorizar este asunto.
Mientras tanto, en la plaza central, cuatro mujeres se declararon en huelga de hambre para llamar la atención sobre su tragedia. Sus hijos les fueron robados y, a pesar de haber realizado todo el vía crucis burocrático, no encuentran respuesta. En estas condiciones, en el Día de la Madre, ¿qué podemos celebrar?
Fuente: www.prensalibre,com,gt - 070508
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