Periodismo departamental
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 14 de mayo de 2008
Hugo Oliva, víctima de un ataque cometido por desconocidos que lo interceptaron en una calle de la cabecera departamental de Jalapa, fue golpeado en la cabeza, lo dejaron inconsciente y no le robaron su equipo fotográfico. El hecho ocurrió días después de que el periodista declaró, en el Ministerio Público, en contra de dos hombres sindicados de sicariato.
En Quetzaltenango, comunicadores de varios medios fueron agredidos cuando intentaban cubrir un operativo de allanamiento en donde policías están señalados de haber robado pertenencias de la vivienda allanada.
Un grupo de periodistas que se conducía en un bus cuando retornaban de Río Hondo fue interceptado y amenazado con armas por dos hombres sindicados de narcotraficantes, mientras que otros cuatro robaron el vehículo en que se conducían reporteros de Siglo Veintiuno.
Varios periodistas fueron agredidos por pobladores en San Andrés Ocaña, San Juan Sacatepéquez, e intentaron incinerarlos; periodistas de Siglo Veintiuno fueron amenazados por un hombre que dijo llamarse Guillermo Gómez, quien teme que se publique información sobre tenencia de tierras en Santa Catarina Pinula. Alberto Sandoval, director de Radio Tamazulapa, en Jutiapa, así como Milton Polanco y Leonel Díaz, recibieron un anónimo con amenazas de muerte.
Eduardo García, camarógrafo de Telecentro 13, resultó herido de bala en la cobertura de disturbios en San Juan Alotenango, Sacatepéquez. María Teresa López Lima, corresponsal de Prensa Libre y Emisoras Unidas, fue golpeada, despojada de su equipo en San Juan Alotenango, Sacatepéquez. Varios reporteros fueron golpeados con ocasión de la cobertura de un hecho en Patzicía.
El corresponsal de Prensa Libre en Coatepeque no tuvo la misma suerte de sus colegas; él fue brutalmente asesinado en el interior de su vivienda.
Estos hechos tienen en común que ocurrieron este año y en el área departamental, que ha sido mucho más peligrosa para el ejercicio periodístico. Los factores que los causan son diversos, aunque los más peligrosos son los poderes paralelos que están diseminados por todo el territorio nacional.
Estos grupos, dedicados a actividades ilícitas que promueven el enriquecimiento fácil y rápido a través del crimen organizado (el contrabando, el secuestro, los asaltos y robos, la trata de personas, el tráfico de maderas, de combustibles y otras), fomentan una economía parasitaria, hacen vulnerable la actividad periodística y afectan diversidad de derechos, entre ellos el de libre emisión del pensamiento, el de informar y estar informado.
Los agentes del mal recurren a medidas violentas, cada vez más agresivas y descaradas; irrespetan todas las normas de convivencia y las garantías de las personas. La delincuencia organizada y común está globalizada, opera en varios países con total impunidad, se constituye en poderes fácticos que acosan a las personas y se convierten en un factor determinante de censura y autocensura para los periodistas.
Hemos alertado desde hace meses sobre este peligro. La situación cada día es más grave. La débil frontera con nuestro vecino del norte, uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo, se está borrando.
El Estado tiene que asumir su responsabilidad y todos debemos contribuir a fortalecer las instituciones, a reivindicar el estado de Derecho y a luchar en contra de la impunidad, o caeremos al abismo.
Fuente: www.prensalibre,com,gt
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