Saqueo indiscriminado
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 16 de junio de 2008
Los acontecimientos en Guatemala parecen telenovela, se van reciclando por capítulos, varían actores, montos, argucias, pretextos, pero la raíz, sus efectos y los perjudicados siempre son los mismos.
Algunos funcionarios del Gobierno, del sistema de justicia y del Organismo Legislativo, incluyendo a los diputados, rodeados de achichincles, con la certeza de impunidad, evaden responsabilidades, abusan del poder de su cargo y se benefician en paralelo: de sus formidables salarios y de la expoliación del erario público.
Cada cierto tiempo nos quedamos estupefactos del cinismo con el que nos intentan engañar, de sus risas burlonas, de sus fanfarronadas y amenazas de cobrarse el “injusto” señalamiento que se les hace, son ellos los ofendidos en su dignidad y honradez. En los capítulos de esta permanente telenovela, primero todos repudian el hecho, rechazan las conductas, exigen justicia; luego hay réplica, intervienen sus defensores, se da la tímida (no temida) intervención del Ministerio Público, surgen las explicaciones, justificaciones, y, de pronto, el epílogo: se terminó la actualidad del escándalo, pues uno más surge y desplaza al anterior.
Así ha sucedido con hampones disfrazados de presidentes, como por ejemplo Serrano y Portillo, quienes, en equipo, saquearon las arcas nacionales, sin que la “justicia” los alcance. Así fue el escandaloso robo en el aeropuerto, que nos recordó películas de renombrados rateros que seguramente se pondrían verdes de envidia, no tanto por la considerable suma de dólares que se esfumó, sino por lo fácil que resultó la acción.
Por eso, lo ocurrido en el Congreso podemos considerarlo parte de esa interminable telenovela.
Pero igual sucede en distintas dependencias públicas. Las aduanas generan capitales basados en las comisiones, las exacciones ilegales y las grandes mordidas que exprimen a los que transitan por las mismas. Tecún Umán, en San Marcos, es un ejemplo de anarquía en su funcionamiento, donde los mecanismos para ingresar son muy fáciles para quienes entran en el engranaje de la corrupción, y la ley se aplica solo a los que ignoran “el procedimiento” o se oponen al mismo.
Unos cuantos cientos de pesos o quetzales pueden evadir cualquier control sobre la carga. Los empleados de la SAT confían únicamente en el documento, póliza o guía, en el que se indica qué transporta, sin mayor inspección. Los “tramitadores” ofrecen sus “servicios” para ingresar sin realizar los trámites burocráticos.
Desde el chiclero, la señora que vende comida, el triciclero, hasta la máxima autoridad, todos conocen o están enterados de lo que ocurre cotidianamente en la aduana, pero no se puede hablar abiertamente por temor a represalias.
Las fronteras son lugares donde impera el crimen, las mafias y donde el tráfico ilegal existe en todas sus formas y en toda su crudeza. Las autoridades no pueden aducir desconocimiento, pues hay evidencias, indicios, pruebas y hasta reportajes.
Así son las cosas en Guatemala. El mal es generalizado, en lo público y en lo privado (actor/consentidor). Cada cierto tiempo sale a luz un escándalo y nos quedamos atónitos hasta que otro toma su lugar.
Fuente: www.prensalibre,com,gt
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