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Problema de país
Por Ileana Alamilla - Guatemala, 16 de julio de 2013

Es absurdo lo que aquí sucede. Las agendas se van traslapando, prevalecen las de aquellos que pueden mantenerlas engrasadas con dinero. Pasamos de un problema tremendo a otro, sin que el anterior se haya resuelto. Unos denuncian con preocupación la violencia extrema en la que vivimos. Para otros esas mismas cifras sirven para alertar el peligro que significa la inseguridad para la competitividad.

La institucionalidad del Estado, además de debilitada, se encuentra en estado permanente de agrietamiento, con los y las funcionarias incluidas. Pobre de quien le toque iniciar algún trámite burocrático, pues comprobará lo sinuoso de un camino que usualmente no lleva a ninguna parte.

Aquí hay que armarse de valor, paciencia china y “cuero de danta” para intentar hacer efectivo un derecho. Así vamos día a día, mientras la realidad nos reporta que dos mil 244 niños que padecen de desnutrición aguda severa están en alto riesgo. Estamos en período de hambre estacional. En Jalapa ocurrió en junio un caso dramático, uno de muchos, falleció una bebé de 9 meses que estaba en estado de desnutrición; su madre, de 15 años, también desnutrida, dijo que dos veces la llevó a la pediatría, pero la sacó, evadiendo la seguridad del hospital sin orden médica. Se sabe que tienen temor de que les roben a sus bebés.

Entre los departamentos con mayores penurias está Huehuetenango, que de sus 32 municipios tiene 24 en pobreza. Totonicapán, Quiché y Sololá son otros donde muchas personas comen una vez al día, viven hacinadas entre el polvo y la insalubridad, sin posibilidades de ir a la escuela, carecen de servicios, agua entubada o energía eléctrica.

Niños son asesinados diariamente. Otros son golpeados, agredidos o mancillados con extrema crueldad. Adolescentes se suicidan con frecuencia. Solo en Jalapa van 14 casos este año. Graves son los casos de los embarazos de adolescentes. Cada 7.5 minutos se embaraza una adolescente en Guatemala. Datos oficiales revelan que un bebé es abandonado semanalmente. Cada hora un niño o niña es víctima de violencia sexual y cada tres horas hay un nuevo homicidio contra jóvenes; cada dos horas y media un joven es herido de bala. La violencia es la principal causa de muerte de los y las jóvenes.

Tenemos una juventud con miedo a morir, miedo a la violencia, a las maras, a vivir en medio de la adversidad, temor de no tener oportunidades, de no poder encontrar empleo. Aquí la juventud no es sinónimo de libertad, de emancipación, de disfrute, deleite, alegría, creatividad, inventiva. Es una juventud escéptica de su presente y futuro, presa de este sistema y de la indiferencia de quienes podrían cambiarlo y de la misma sociedad.

Unos 90 adolescentes son capturados cada mes, según el subdirector de Reinserción Social de la Secretaría de Bienestar Social. Repudio ha causado la evidencia de que a los niños se les ha convertido en sicarios, en delincuentes. Se sabe que los reclutan porque son inimputables. La conflictividad social es un pajonal esperando arder. Hay más de mil 500 conflictos relacionados con la tierra, la minería, las hidroeléctricas y la energía eléctrica.

Esta es una de las caras de Guatemala, la otra vive en medio de la comodidad y la opulencia.

Pero estos problemas irresueltos, que no son prioridad, van a explotarnos en la cara a todos, no importa a qué Guatemala pertenezcamos. Ni nuevas inversiones, de la naturaleza que sean, ni paliativos van a evitar que un escenario con secuelas irreversibles ocurra en el país. Estamos avisados.

Fuentes: www.alainet.org


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