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¿Piedad para los buitres?
Por Irma Barreto - Guatemala, 29 de junio de 2005

Doscientos soldados vestidos de verde olivo y camuflados, con los rostros pintados de negro, entran a la aldea Xenaxicul, municipio Aguacatàn, en Guatemala. Es el 2 de mayo de 1981. Reúnen sólo a los hombres, 23 en total. Dejan ir al único anciano del grupo. Los demás son obligados a caminar hasta la escuela de la aldea Las Majadas, a cuatro kilómetros. Allí serán interrogados, golpeados, cruelmente torturados. Hacia fuera sólo trascienden lamentos y... finalmente, después del silencio, unos golpes secos espeluznantes. Al salir, con sus ropas teñidas de sangre, los soldados lanzan 22 cadáveres decapitados por un barranco cercano a la escuela. Cuando los asesinos se alejan, la gente entra cautelosamente a la escuela. Ante sus ojos se ofrece una aterradora escena: todos los cráneos han sido abiertos y sobre una mesa escolar hay platos ensangrentados, con restos de masa cerebral (1).

En la aldea Panacal, municipio de Rabinal, cuando aclaraba el día en aquella brumosa mañana del cuatro de diciembre de l981, la tranquilidad es turbada por fuertes pisadas de botas militares que irrumpen en las casas. Las familias interrumpen el frugal desayuno. Los soldados invocan unas supuestas listas y obligan a un grupo de 58 hombres desarmados a encaminarse con ellos hacia la vecina aldea Vegas de Santo Domingo. Allí los prisioneros son cruelmente vejados, torturados, mutilados. Les cortan las orejas, la lengua, la nariz, y luego les colocan en la boca sus propias partes corporales mutiladas para forzarlos a comerlas. Finalmente los matan, con armas de fuego o ahorcándolos. Les entierran en el caserío de Chialaguna (2).

Cuando el Ejército llega a la aldea Santa Marìa Tzeja, municipio Ixcán, departamento de El Quichè, el 15 de febrero de 1982, la encuentra desolada. Sus habitantes han huido, aterrorizados por lo ocurrido en otros caseríos. Patrullando matorrales y veredas, los soldados los van sacando por grupos. Hay muchos menores, entre seis meses y 18 años. Todos son pasados por las armas. Una enferma mental es violada por varios soldados. A una embarazada le abren el vientre, le extraen el feto y -¡horror!- le introducen en el vientre la cabeza de otra víctima decapitada (3).

Son centenares de miles los casos similares dentro de la interminable cadena de matanzas ejecutadas por la Fuerza de Tarea denominada Iximche, la cual cubrió de sangre y terror el suelo guatemalteco durante los tenebrosos años de dictadura, particularmente entre 1978 y 1982. Estos y otros hechos igualmente terribles, ante los cuales palidecerían los martirios aplicados por los Tribunales de Inquisición en el medioevo, han ocurrido en nuestra América en los tiempos actuales. Muchos de sus ejecutores fueron entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá (4) y hoy ostentan riquezas en cualquier lugar del mundo.

TIERRA ARRASADA E IMPUNIDAD

A raíz de la insurgencia del movimiento guerrillero en 1962, el gobierno guatemalteco desplegó en amplia escala las operaciones de aniquilamiento conocidas como “tierra arrasada”: asesinatos masivos, tácticas de terror mediante crueles torturas y amenazas, arrasamiento de aldeas, desplazamiento forzado de poblaciones enteras sometidas a humillaciones, vejámenes y privaciones. Más de 200 mil personas fueron asesinadas en Guatemala, en su mayor parte de la etnia maya, lo cual ha permitido tipificar el conflicto como genocidio.

Los autores de tan abominables hechos gozan hoy de impunidad, ya en Guatemala, ya en otras partes del mundo, gracias a poderosas redes económicas entretejidas desde el ejercicio del poder.

EN BUEN PUERTO SIN CRUZ

Los hechos monstruosos que encabezan este escrito fueron obra nada menos que de Fernando Romero Lucas García, dictador en Guatemala entre 1978-1982. Es bajo su mandato, en 1980, cuando el Alto Mando Militar de Guatemala dispuso la quema de la Embajada de España en ese país, cuya sede había sido ocupada por un grupo de campesinos, entre quienes se encontraba Vicente Menchú, padre de la Premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchù. En el asalto a la Embajada fueron quemadas vivas 39 personas, incluyendo al Embajador y otros funcionarios de nacionalidad española..

Es por esta actuación criminal que en febrero último la Audiencia Nacional de España –con base en el Tratado de Extradición entre España y Venezuela- libró orden internacional de detención contra Fernando Romeo Lucas García, imputándole los delitos de: terrorismo, homicidio voluntario, agresión con lesiones graves, secuestro, detención ilegal y toma de rehenes.

Es así como a la luz pública venezolana se hace ahora notorio que en sus costas, en uno de los parajes tropicales más codiciados, un ex dictador con crímenes tan horrendos sobre sus espaldas, ha vivido tranquilamente durante más de dos décadas. Es el general Fernando Romeo Lucas García, quien en Puerto La Cruz -donde ya había creado vínculos familiares- ancló sus naves en 1982, luego de ser derrocado en Guatemala.

¿Camuflado acaso? No. Con nombres y apellidos completos se ha paseado muy orondo, no sólo por el Puerto, sino en otras correrías, pues al decir de la prensa no ha dejado de visitar las propiedades que dejó en Guatemala, donde en 1991 le diagnosticaron el mal de Alzheimer Ahora, a sus 81 años, Tánatos le vigila muy de cerca y si la justicia no se apresura, el ejecutor de tantas muertes disfrutaría en sus días postreros -aun en demenciales extravíos- de la paz que cercenó en su patria.

LA DECISIÓN VENEZOLANA

El Ministerio Público venezolano reconoció la gravedad de los hechos punibles considerados por la autoridad española y solicitó la orden de aprehensión contra el imputado. El concerniente Tribunal declaró con lugar la solicitud y acordó librar boleta de aprehensión. Dado el estado de salud del inculpado, se ordenó apostamiento policial en su vivienda y examen por parte de un médico forense.

Invocaron los defensores de Lucas García que el Gobierno de España no acompañó a la solicitud de extradición los recaudos que exige el Tratado, sino un único recaudo consistente en la orden de detención internacional.

La Sala de Casación Penal Venezolana verificó que, en efecto, no se ha recibido la documentación, por lo que no puede procederse a la concesión o negativa de extradición. Señaló que habiendo expirado el término de 60 días para presentar todos los documentos, se ordenó suspender la medida policial en la vivienda del solicitado. Ello no significa –según declaró la magistrada de la Sala- que la extradición haya sido negada, pues si se recibe la documentación requerida, se ordenaría de nuevo la privación de libertad.

NINGUN DILEMA TIENE CABIDA

No sólo en España, sino sobre todo en Guatemala, los familiares de tantas víctimas esperan que el tirano, o lo que de él queda, comparezca ante la justicia y sea públicamente condenado.

Sobre hechos de la magnitud que se le imputan no puede tener cabida el sentimental dilema de su precaria salud. Si –como señala el informe médico- “está perdido en persona y desconectado de la realidad”, pues que la realidad misma se encargue de conducir sus casi despojos ante el Tribunal que ha de juzgar el extravío de sus actos cuando en sus manos tuvo el poder.

Por ironías de la vida, al poeta y activo defensor de los derechos humanos, abogado Tarek William Saab, ha tocado ser el Gobernador del Estado Anzoátegui, donde yace con la razón extraviada quien fue diestro en pisotear tales derechos. Su opinión –al ser consultado por un periodista- trasluce su sensibilidad humana al sopesar lo que él considera un dilema: la delicada salud del imputado y el llamado de la justicia. “Su comparecencia ante la Audiencia Nacional española podrá ser sólo simbólica”, dice. Pues bien, ante el mundo entero esta presencia simbólica es absolutamente necesaria.

Que la condena por crímenes tan espantosos retumbe universalmente frente a una humanidad desfalleciente, símbolo de la fugacidad del poder y de la perennidad de las acciones.

¡Que se apresure España a enviar los documentos! ¡Que el suelo venezolano no guarde en sus entrañas los despojos de quien huyó de su patria con las manos teñidas de sangre de sus víctimas!


(1) Guatemala: Memoria del Silencio – Cap. II – Vol. I – La estrategia contrainsurgente durante el enfrentamiento armado. (Reporte de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico)

(2) Comunicado de Prensa de la Fundación Rigoberta Menchú - Guatemala, 3 mayo 2000.

(3) Ibid.

(4) Creada por el Ejército de Estados Unidos en 1946, en Fort Amador - Panamá, con el nombre de “Latin American Training Center – Ground División”, es reorganizada en 1963 bajo la denominación de “U.S. Army School of the American (USARSA), conocida como Escuela de las Américas, con sede en Fort Gulic (Panamá) hasta 1984, cuando es transferida a Fort Benning, Georgia. Cerrada durante la administración Clinton, reaparece en el año 2000 como Instituto de Defensa para la Cooperación y Seguridad Hemisférica. El manual de torturas de esta Escuela y las instrucciones prácticas de estadounidenses como Dick Cheney y John Negroponte han sido la guía de los dictadores latinoamericanos.

Fuente: www.albedrio.org


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