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Otra izquierda es posible
Por Erwin Pérez - Enero 2004

Basta dar una pequeña revisada a los resultados electorales de 1999 y los del 2002 para darse cuenta que el respaldo popular a las agrupaciones de izquierda se ha reducido notablemente. En la primera oportunidad que las fuerzas de la izquierda revolucionaria participaron en un evento electoral, el resultado no fue tan malo; un decoroso tercer lugar así lo demuestra. De aquel momento, hasta ahora, las circunstancias han cambiado. También los resultados.

Quienes románticamente defienden a la izquierda, sin duda encuentran más de una docena de elementos y factores a los cuales atribuyen el descenso de dicho respaldo electoral. Y en efecto existen numeras razones: en 1999 la izquierda guerrillera agrupada en la URNG, recién hacia dos años había firmado la paz; el partido -URNG- se veía como una alternativa posible ante las opciones electorales de mayor fuerza, una derecha privatizadora y prepotente, compitiendo con otra derecha más conservadora y ligada al crimen organizado y a la represión contrainsurgente, ganó la segunda. Además aún se mantenían fuertes vínculos con organizaciones sociales; sumado a la atención de los medios de comúnicación y de la comunidad internacional; y, prevalecía una actitud positiva entre los simpatizantes y militantes.
Son notorios los cambios. La izquierda proveniente de la lucha revolucionaria está distribuida –por no decir dividida- mayoritariamente en dos partidos: la URNG y la Alianza Nueva Nación, ANN. Otros, se aliaron con la derecha contrainsurgente y mafiosa, aunque su discurso continuó siendo de izquierda, con el cínico propósito de lavar la cara del genocida y del oprobioso gobierno de Alfonso Portillo. Sólo con esos dos antecedentes como ejemplo se comprende, en parte, por que los electores optaron por favorecer en las urnas a la derecha empresarial y no a los partidos de izquierda.

Por momentos, en el transcurso de la campaña electoral, parecía que la batalla era entre ambos partidos de izquierda, para ver quien de los dos resultaba ganador, olvidando a su rival en común. Y por si eso fuera poco la forma de la batalla se caracterizó por la descalificación mutua, la falta de respeto y los fuertes deseos de ver, al otro, fuera del espectro político.

La reacción de simpatizantes y ex militantes fue la decepción, el enojo y tomar distancia. No obstante, los resultados electorales permitieron que tanto la ANN como URNG (solamente por haber obtenido dos curules, ya que no obtuvo el mínimo de votos requerido por ley), sobrevivieran en el escenario político y con representación parlamentaria.

La lucha electoral ha concluido y mientras llegan las próximas elecciones (y para ello faltan cuatro años), los representantes de la izquierda deberán moverse en los escenarios que la coyuntura establezca. Poco podrá hacer para cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso, pero si depende de ellos facilitarse o complicarse la coexistencia en el Legislativo.

Complicarse será fácil, pero facilitarse será complicado, si por lo menos no toman en cuenta las actitudes que los llevó a esos bajos niveles de respaldo popular.

Si bien la problemática que enfrentan no viene solamente de los últimos cuatro años, también es cierto que si no adoptan medidas que permitan, por lo menos la convivencia. Ambas corren el riesgo de destruirse entres sí. Y no estamos hablando de que se sienten a dialogar, que sería lo deseable, pero no imprescindible, menos que lleguen a reunificarse, que es la utopía. Sino estamos tratando de decir que las izquierdas del país deben comprender la imperiosa necesidad de transformarse, de cambiar las posturas radicales que no conducen a nada más que al aislamiento.

Estamos hablando de actualizar la izquierda, de abrirla a la discusión y a la organización, de ampliarla, de modernizarla. Que no significa renunciar a sus principios y postulados ideológicos. Ello permitirá sobrevivir en un sistema de partidos políticos altamente desfavorable y en un creciente modelo neoliberal ante el que debemos presentar alternativas.

Fácil es hablar, dirán los más escépticos, argumentando que no estamos en las mejores condiciones, que la correlación de fuerzas es inmensamente desfavorable, incluso a nivel mundial, y no faltará quien prefiera la indiferencia. Trágico para el de izquierda que renuncia a la transformación.

Quienes confluyen en el pensamiento y la practica de la izquierda no pueden y no deben, ante la realidad adversa, ni siquiera pensar en acomodarse oportunistamente a la situación existente. Parte de la tarea es recuperar esa capacidad de soñar, por supuesto que sin perder de vista la realidad, porque es precisamente en medio de ésta realidad, que deben aprovecharse las oportunidades para fortalecer la idea del cambio.

Un cambio que es posible, como lo ha demostrado más de un gobierno en Sudamérica o como ha quedado comprobado, por otra vía, en la isla caribeña de Cuba. A lo interno de Guatemala, la situación de la izquierda puede mejorar, pero se requiere de tolerancia y voluntad. Identificar las debilidades y trabajar para superarlas puede ser un buen inicio que puede ser favorecido si se evitan las practicas de la descalificación mutua, las agresiones y la confrontación.

Que todos grupos de izquierda se sienten a elaborar una propuesta de políticas económicas y sociales para el país es, en estos momentos imposible. Pero no entorpecer el trabajo encaminado a fortalecer la izquierda, o apoyar iniciativas tendientes a mejorar la parte social del país. Eso si que es posible.

Tomado de Reporte Diario de análisis de tendencia - Tema del día - Nueva Época número 418
www.i-dem.org


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