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El calentamiento global y la ganancia del capital
Por Ingrid Rivera - Guatemala, 10 de febrero de 2007

El aumento de las temperaturas, a nivel mundial, ha conducido a afrontar un dramático cambio en la superficie de la tierra, que amenaza con alterar la vida, tal como se conoce, de manera permanente. La magnitud mundial de un desastre de una dimensión como nunca antes había producido ningún fenómeno natural o artificial, motiva a que la humanidad, en su conjunto, a través de frentes internacionales o regionales, esté llamada a generar acciones globales que contribuyan a enfrentar este reto.

Se han categorizado las consecuencias del fenómeno de aumento global de las temperaturas, con el término: "Cambio Climático", que en el corto plazo provoca dicho fenómeno, y no como el inicio de un "Cambio Meteorológico", en donde las repercusiones del campo ambiental, empiezan a tener efectos permanentes e irreversibles provocados por la acción humana sobre la naturaleza.
Estos cambios se han producido por la acelerada e irracional forma de la producción industrial y la desmedida emanación de gases perjudiciales hacia la atmósfera. Las nuevas tecnologías introducidas por la globalización e internacionalización del capital además de no tener restricción de frontera, tampoco tienen restricciones en la forma de eliminar los desechos. En esto también ha contribuido la revolución de las comunicaciones y el trasiego de mercancías a escala mundial, donde los transportes, especialmente el aéreo, contribuyen fuertemente.

El calentamiento global está considerado como la peor amenaza para la humanidad, debido a que se presenta un aumento sostenido de la temperatura del planeta, que como resultado producirá sequías en vastas zonas de actual producción de alimentos, en otras muy pobladas con escasez de agua, pero también inundaciones en otras zonas, y se prevé un caos climático, cuyas primeras consecuencias ya se empiezan a manifestar.

El sobrecalentamiento de la Tierra, producido por la emanaciones de contaminantes, provoca el llamado efecto invernadero, originado por actividades irracionales del hombre, sobretodo por el uso excesivo de combustibles fósiles, que generan bióxido de carbono, que al subir a la atmósfera provoca el desgaste de la capa de la estratosfera y ocasiona el aumento de la temperatura y el calentamiento del planeta. Además de la contaminación atmosférica, el deterioro de la capa de ozono por halocarburos y refrigerantes, la contaminación del agua, la degradación de los suelos y la pérdida de la biodiversidad.

Algunos tratados internacionales, que deberían normar determinadas actividades de la globalización, como la observación y el cuidado del ambiente, no se aplican debido a que poderosos grupos industriales dan prioridad a su ganancia, por encima del bienestar humano. De esa cuenta, son muy estrictos en observar que los demás grupos cumplan con esas restricciones, pero no en su caso. La demostración más clara es que el Tratado de Kyoto, que busca reducir las emisiones, no ha sido ratificado por Estados Unidos, siendo que es el principal emisor de gases que favorecen el efecto invernadero.

Se creó el Protocolo de Kyoto, inscrito en el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, aprobado en Nueva York, el 9 de mayo de 1992. Los países signatarios de este Convenio, tienen el compromiso de elaborar inventarios y reducir las emisiones de determinados gases de efecto invernadero responsables del calentamiento del planeta.

El Presidente George Bush sostuvo, años atrás, que en Estados Unidos no existían pruebas suficientes acerca del calentamiento global, ni de sus efectos, sin embargo este fenómeno y sus consecuencias ya son una realidad, aún para los que los han querido negar. Según la Agencia Reuters, George Bush considera que la aplicación del Protocolo es injusta, porque involucrar sólo a los países industrializados, por lo que se perjudicaría la economía estadounidense, y plantea que también debe incluirse a las naciones en vías de desarrollo.

Los defensores del libre mercado sugieren una superioridad de derechos en relación con los gobiernos. Sus políticas ambientales se basan en la asignación de derechos de propiedad de los recursos naturales, desembocando en la privatización de los bienes comunes, o sea un capital natural, de donde la conservación ambiental es una forma de inversión en la producción de materias primas, en países que tienen grandes riquezas naturales.

En 1991 la CEPAL indicó que "...es imprescindible reconocer que los recursos naturales y ambientales son formas de capital y que, como tales, son objeto de inversión." , o sea que cuando se conserva un área natural, en realidad no sólo se están protegiendo las especies o los procesos ecológicos, sino que se está invirtiendo. En el marco de la hegemonía neoliberal la conservación se convierte en un negocio. Las políticas ambientales pasan a depender cada vez más de mecanismos de mercado, como el pago de tasas o impuestos a la contaminación, donde los que tengan el dinero suficiente podrán pagar para seguir contaminando.

Algunos de los problemas ambientales que se han producido son: el incremento del consumo de agua y la escasez de ésta por la pérdida de los ecosistemas, provocado la desertización, que es agudizada por la deforestación, el abuso de los fertilizantes con químicos peligrosos, los que afectan a poblaciones campesinas, que viven con riesgos de contraer enfermedades y envenenamientos, a los que se agrega la contaminación del aire. En Asia los ríos contienen veinte veces más plomo y vertidos nocivos, porque no existe el manejo racional de los desechos, ni las políticas ambientales promovidas desde el Estado.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo dedica un 25% de sus recursos al componente ambiental, sin embargo los que dominan la economía mundial no parecen demasiado sensibles al deterioro ecológico que genera este sistema.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1138 - 080207


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