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Agenda de desarrollo por agenda de seguridad
Por Ingrid Rivera - Guatemala, 3 de marzo de 2007

La política exterior estadounidense se ha centrado exclusivamente en la llamada guerra contra el terrorismo, la cual se ha extendido en sus zonas de influencia como el Caribe y América Central. La sub región pasa por serias crisis económicas y políticas, que requieren de cooperación y la diplomacia estadounidense para poder resolverlas. Una de sus características consiste en subordinar la agenda social a la agenda de seguridad, lo que con el tiempo puede llegar a tener repercusiones negativas. Por ningún lugar se hace presente la Agenda de Desarrollo, en de la política exterior norteamericana, solamente se manifiesta la de seguridad. La otrora Alianza para el Progreso y los Cuerpos de Paz, que como armas de la Guerra Fría, pretendían apoyar al desarrollo de la región latinoamericana, ni por asomo aparece dentro de las actuales políticas.

Existen varias prácticas en la que esta política se ha centrado, practicas en donde todo se ha criminalizando. Esto ha determinado el fortalecer las fronteras contra la migración y el tráfico de personas, militarización de la lucha contra el narcotráfico, y el aumento del escrutinio del lavado de dólares.

En Estados Unidos, a partir de haber convertido al Estado en Policiaco, la política exterior no es sometida a un escrutinio público, ni sometida a la auditoría social. No se acepta la crítica por parte de la sociedad, aspecto que indica la pérdida de los derechos civiles y ciudadanos. Además la burocracia que administra la política internacional de EEUU, tampoco la hace. Esta práctica es políticamente débil y repercute en la ausencia de la toma de decisiones, aún por autoridades sometidas por las políticas de seguridad, y que solamente dan origen a respuestas o reacciones de los fenómenos internacionales. Estas acciones son el resultado de la falta de estudio y análisis detenido de la situación internacional, pero sobre todo de quienes se enfrentan débilmente a las políticas de gobierno.

Con la aprobación del Acta Patriótica y sus medidas, se han producido serios efectos, sobre todo al fortalecer el sentimiento anti-inmigrantes y la privación de libertades civiles. La renovación y expansión del Acta incluye otorgar mayores potestades a los agentes del FBI para interceptar y monitorear cartas o comunicaciones electrónicas sin la aprobación de un juez. Además, criminaliza a los inmigrantes que utilizan formas informales de enviar sus remesas y, por tanto, que no reporta el envío de dinero. Algunos negocios que operaban con autorización, en EEUU, han perdido las licencias y han cerrado las cuentas, bajo la presión del gobierno, que aduce que esas instituciones son de alto riesgo para el lavado de dinero y probables transferencias al terrorismo. Mientras tanto la cooperación económica decae y pocos esfuerzos se han atendido para contener la pobreza en la sub región centroamericana, debido a ello las personas siguen emigrando a Estados Unidos.

Es claro que después del fracaso en la guerra de Irak, la derrota electoral por el control del Senado y el Congreso de EEUU, el desgaste y deterioró de su imagen en América Latina, la visita del Presidente George W. Bush no aparece como bienvenida, por cierto demasiado tardía por cuanto su gobierno va de salida. Según informes, la visita pretende revertir los efectos de varios años de desatención a América Latina. Tiene como objetivo mejorar su imagen en los países de la región, y la necesidad de aproximarse y apoyar a sectores afines al gran capital, y a la llamada izquierda moderada de la región, o “izquierda light”.

El mismo Presidente Bush, declaró sentirse preocupado por el avance de la izquierda, sobre todo en América Central, con el triunfo sandinista, declarando la alerta sobre la subregión, y esperando que “no sea que se contagie”. Por su parte, la previsible reacción de los sectores sociales en el continente, son las protestas, que rechazan la intervención militar en Irak, el Tratado de Libre Comercio, la cacería de inmigrantes y el bloqueo contra Cuba. Según la Cancillería guatemalteca la agenda a tratar en la visita del presidente estadounidense incluye temas como comercio, inversión, la lucha contra el crimen organizado, la defensa de los derechos humanos, el combate a la pobreza y el fortalecimiento del proceso de integración centroamericana.

Es decir, una agenda de desarrollo o social, que no aparece dentro de sus programas internos de gobierno, ni en su política exterior, pero que se menciona ahora, cuando su administración esta por terminar y está más aislada que nunca. Sin embargo, para Bush, y según sus políticas reales, América Latina no es importante, mucho menos lo es Guatemala. Voltear la vista hacia el continente se puede interpretar como una medida de última hora o de emergencia.

Muchas organizaciones sociales, como la Alianza para los Guatemaltecos, señalaron que el endurecimiento de la política migratoria en EEUU afecta por igual a niños, jóvenes y mujeres. La Pastoral de la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, aseguró que esta visita obedece a intereses económicos y las autoridades guatemaltecas no deben olvidar a los compatriotas que han tenido que emigrar a EEUU. Finalmente, diferentes organizaciones sociales, identifican al Presidente Bush como uno de los principales impulsores de políticas anti-migratorias que afectan y violan los derechos de miles de compatriotas en EEUU.

La agenda de George W. Bush no pretende enfrentar los principales desafíos, como reducir la pobreza, velar por los derechos humanos, crear y promover un marco para el crecimiento sustentable en los países subdesarrollados de la región, o promover la democracia. El mandatario estadounidense, debiera cambiar su agenda de seguridad por una agenda de desarrollo social.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1154 - 020307


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