Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Autonomía regional y local
por Irmaalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 8 de agosto de 2004

Recientemente analizamos en el Centro de Investigaciones sobre Desigualdad, Seguridad Humana y Etnicidad, de la Universidad de Oxford, los temas de identidad y discriminación racial en cuatro países de América Latina.

Durante las discusiones, los académicos de Bolivia trajeron a la mesa, las declaraciones que a finales del mes de mayo, en el concurso de Miss Universo, diera a la prensa en Quito, Ecuador, Gabriela Oviedo, representante de ese país, en las cuales dijo: “Desafortunadamente, la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensa que todos somos indios del lado Oeste del país. Es La Paz la imagen que refleja eso, esa gente pobre, de baja estatura e india”, y enfatizó: “Yo soy del otro lado del país, del lado Este, que no es frío, es muy caliente. Nosotros somos altos y somos gente blanca y sabemos inglés, y ese concepto erróneo de que Bolivia es sólo un país andino está equivocado.”

De los diferentes sectores de ese país emergieron condenas por las opiniones racistas de Gabriela, en contra de los pueblos aymara, quechua y guaraní que viven en el Oeste. Algunos la calificaron de “magnífica ignorante”, otros de ser “una vergüenza para las mujeres”, no faltaron quienes con ironía y sarcasmo la retrataron como “alienada” y un anciano expresó que “además de carne bien moldeada había que tener valores”.

Los casos que analizamos en el equipo de trabajo fueron varios, pero en mi mente quedaron los conceptos de Gabriela, por las siguientes razones: primero, por la soltura y la seguridad con que se expresó; segundo, porque no puede alegar ignorancia –ella es estudiante de Negocios Internacionales en la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra–; tercero, sus declaraciones reflejan la postura ideológica de que existen dos Bolivias: la Bolivia de los “indios” que viven en el Oeste y la Bolivia de los descendientes de europeos que viven en el Este. Y finalmente, porque ella sólo dijo lo que la mayoría de la población de Santa Cruz –que se asume como la elite boliviana– piensa y defiende. En lo personal, no me sorprendió el discurso racista de Gabriela, al contrario, debieron de darle un premio por su honestidad. Total, ella sólo repitió públicamente lo que en sus círculos se dice con toda naturalidad.

En Guatemala, en cambio, pocos dicen públicamente lo que piensan. Es más, algunos, detrás de un discurso de unidad y multiculturalidad, esconden el verdadero proyecto de nación que desean. Proyecto en el cual los indígenas no tendríamos espacio, a no ser que aceptemos, sin cuestionar, las fracasadas políticas culturalistas, de ladinización y asimilación que se han impulsado en el país desde principios del siglo XX.

Por esta falta de honestidad, fue interesante leer la propuesta de Rigoberto Juárez Paz en las páginas de Opinión de este matutino (17.07.04). Él reconoce que como no se ha “logrado integrar plenamente en nuestro país las dos civilizaciones: la autóctona y la europea”, sugiere que el “país debería dividirse … en regiones geográficas autónomas. De esa forma, los grupos autóctonos podrían legislar todo aquello que no contraviniera la Constitución Política de la República, no la actual Constitución, por supuesto, sino otra más breve y realista; y exaltar sus propios valores culturales. Todos sabemos que nuestra organización política no refleja la diversidad geográfica y cultural del país”.

No es Juárez Paz el único que propone la Autonomía para los Pueblos Indígenas. Confieso que cuando leí por primera vez la propuesta de Autonomía para el Pueblo Maya que planteó Demetrio Cojtí, me pareció radical. Posteriormente, cuando analicé la “Tesis sobre la cuestión étnico-nacional” escrita por Mario Payeras y miembros de la organización Octubre Revolucionario sobre el derecho que asiste a los Pueblos Indígenas para demandar Autonomía regional y local, me quedó la impresión de que la propuesta correspondía a un proyecto revolucionario específico y no a la complejidad del país. Posteriormente, el historiador kaqchikel Edgar Esquit planteó que el camino de la Autonomía para los mayas de Demetrio Cojtí podía ser viable si además de conectar lo regional con lo local ambos espacios comunitarios eran atravesados por la normativa maya y el pluralismo jurídico.

Como asistí, desde párvulos hasta la universidad, a centros donde casi la totalidad de estudiantes y de maestros eran ladinos, reconozco que así como he vivido el racismo en sus más rudas expresiones a lo largo de mi vida, también me he nutrido de algunos hombres y mujeres, ladinos y mestizos, comprometidos con la justicia y la equidad. Con varios hemos ido construyendo lazos de amistad y tejiendo puentes de solidaridad. Por mi experiencia, creía que la Autonomía no podía ser la panacea para construir relaciones étnicas igualitarias. Sin embargo, conforme pasan los años la realidad cotidiana y colectiva está diciendo lo contrario, y quizás la Autonomía regional y local que ha venido planteando este grupo de académicos diverso y opuesto ideológicamente, como Cojtí, Payeras, Esquit y ahora Juárez Paz, podría ser una alternativa para los Pueblos Indígenas. Probablemente, así acabaríamos con la constante violación a nuestros derechos elementales y detendríamos los delitos raciales que ahora soportamos en nuestra tierra por ser indígenas.

Parece que llegó el momento de iniciar con respeto pero con argumentos una discusión profunda sobre esta opción. De lo contrario, seguir postergando el inicio del diálogo sólo permitirá que se continúe legitimando la segregación geográfica que existe, que no se castiguen los actos de discriminación racial que se denuncian cotidianamente, que se mantengan incólumes los estereotipos de que somos estúpidos o víctimas, que siga recayendo sobre más del 85 por ciento de los mayas la inhumana explotación económica que tiene ya más de cuatro siglos, y que el racismo, como sistema de opresión, continúe nutriéndose de estas ideas, delitos y violaciones, nutriendo así su andamiaje estructural que beneficia a una elite muy pequeña.

La Autonomía, de cualquier forma que se construya, nos permitirá a los indígenas seguir fortaleciendo el orgullo por nuestra bella piel morena, nuestra hermosa cabellera negra, la profundidad de nuestra espiritualidad, la riqueza de los idiomas mayas y la originalidad de nuestra indumentaria. Diremos que somos “indios de baja estatura”, pero que vivimos en regiones autónomas en donde una minoría de origen europeo ya no mantiene el monopolio del poder –económico y cultural– sobre nosotros.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.