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Antonio Pop Caal (1941-2002)
Por Irmaalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 7 de noviembre de 2004

No hay líderes buenos o malos, afirmar esto es una disquisición simple. Existen mujeres y hombres que defienden y asumen los intereses de una clase, un pueblo o una doctrina político-económica. Antonio Pop vivió e interpretó esa lucha de poder y optó por promover los derechos indígenas. Nació en una familia de colonos q’eqchi’s, en las montañas de Chirremesché. Obtuvo un doctorado en Filosofía y Teología en España; manejando el q’eqchi’, latín y castellano desmitificó la “inferioridad intelectual del indio” que prevalece, con modificaciones, desde la Colonia.

Los estudios y la religión no lo cooptaron, sino le dieron elementos para devolver la sotana y retomar la espiritualidad maya; canalizar la negación del sistema educativo que no aceptó sus estudios y reiniciar la educación media hasta obtener el título de abogado, que puso al servicio del Pueblo Maya.

Se caracterizó por plantear que los cambios los construyen colectividades y no individuos. Fundó el colectivo Cabracán y junto a mayas de diversas corrientes como Otto Macz Pacay, Juana Vásquez, Vitalino Calel, Magdalena Tumín Palaj, Nicolás Tiú, Francisca Vásquez, Carlos Escalante, entre otros, en la década de 1970, trabajaron en comunidades, con jóvenes deseosos de análisis y propuestas propias. Llegaron a congregar a más de 500, trabajaron voluntariamente y con recursos que las comunidades aportaban. Cuando Lucas García inició la sanguinaria persecución, varios optaron por la lucha armada. Antonio Pop les advierte que no es la lucha indígena y que el costo será irreparable. No se equivocó.

Varios son sus aportes, mencionaré tres: A) Cuestionó el sistema de partidos políticos y el judicial, que benefician a un sector en detrimento de la mayoría. Fue testigo de cómo en las verapaces vendían o apostaban las fincas con todo y los colonos q’eqchi’s que vivían como esclavos, para ellos la justicia era una falacia. B) Escribió que el racismo y la situación socioeconómica de los mayas no era parte de resultados imperativos, sino responsabilidad de una élite que controla capital, fuerza de trabajo y Estado. C) Valoró el mundo maya, su riqueza humana, espiritual, política y culinaria. Mientras el Otro veía atraso y fealdad, él resaltaba los atributos físicos e intelectuales de hombres y mujeres. Planteó que la autovaloración garantizará la permanencia y la resistencia. No faltaron sus críticas al “indio” que busca, por diversas formas, ladinizarse.

Se cumplieron dos años de su secuestro y asesinato, y el sistema judicial, como él planteó, es incapaz de hacer justicia al Pueblo Maya ante deleznable crimen. En este aniversario, dos imágenes me son recurrentes: la subida al Chik’ok para devolver sus restos a la madre tierra, bajo un Sol sofocante que se mezcló con el fuego del Cuilco, la cera, el romero y las plegarias de ajq’ijab’ que, en diversos idiomas, pedían justicia. Y la de sus compañeros y alumnos que lo ven con su boina negra, su saco de jerga de Momostenango y su banda amarrada a la cintura, recordándoles que la lucha indígena “la hacemos con conocimiento de causa”.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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