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Lo indígena como mercancía
Por Irmaalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 22 de mayo de 2005

A raíz del impulso de las políticas multiculturales en América Latina, empezaron los gobiernos a materializar lentamente en acciones públicas ese discurso.

A raíz del impulso de las políticas multiculturales en América Latina, por organismos internacionales, empezaron los gobiernos a materializar lentamente en acciones públicas ese discurso. En Bolivia como en Ecuador estas políticas no han tenido los mismos efectos que en Guatemala, allá en el Sur los pueblos y los representantes no sólo han desafiado el proyecto multicultural, sino principalmente el marco que lo sostiene y que busca fortalecer las políticas económicas neoliberales.

En Guatemala ha habido una relativa aceptación del multiculturalismo liberal por un grupo de representantes indígenas, que son visibles y que tienen acceso a los espacios mediáticos, y esto tiene explicación. Primero, el más reciente genocidio estatal que enfrentaron los mayas rurales en los finales de la década de 1970 y principios de 1980 trajo consecuencias que aún están irresueltas en el seno de familias y comunidades. La desestructuración rural que el Estado planificó y realizó fue eficaz porque tocó el corazón social de estos colectivos que aún no se recuperan, por eso su voz en el escenario nacional está casi ausente. Segundo, el haber sido los mayas excluidos del ejercicio del poder durante siglos y el permitirles hoy, bajo el paraguas de la multiculturalidad, la posibilidad de ocupar cargos es asumido por algunos como el derecho a ejercer el poder que históricamente se les había negado en base a su identidad racial. Y tercero, los cargos los otorga el gobierno individualmente a un pequeño sector de mayas de clase media.

Nada de malo habría con que hoy algunos mayas ocupen espacios estatales, el problema con el proyecto multicultural es que si bien permite acceso a espacios de poder, estos no son estratégicos para las colectividades indígenas, y sólo benefician a la mundialización económica y al Estado. Hoy los intereses económicos mundiales no apoyarían abiertamente actos de genocidio contra los mayas, pero tampoco apoyarían políticas que transformen estructuralmente la vida del 90 por ciento de los indígenas pobres. Con este multiculturalismo gana el gobierno de turno cuando la foto, que muestra al indígena que acepta estos cargos, le da la vuelta al mundo, pero pierden las mayorías indígenas que demandan simultáneamente derechos culturales y acceso a los recursos.

El reto para el Estado es evaluar esta política, que por un lado, perpetúa en la pobreza a los indígenas rurales, cuya insatisfacción se expresará de diferentes formas y por el otro, que continúe el debilitamiento de la institucionalidad. Y el reto para los pueblos indígenas es reconocer que para transformar el Estado no sólo se necesitan representantes individuales, sino individuos que respondan a un proyecto, que tengan detrás de sí redes y que impulsen las urgencias de las bases rurales y urbanas. De lo contrario, lo indígena seguirá convirtiéndose en una mercancía que perderá su valor colectivo y su impacto a largo plazo para maximizar a corto plazo las ganancias de las clases mercantiles y financieras, tanto internacionales como nacionales.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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