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Caminando sin rumbo
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 24 de julio de 2005

Cuando el presidente Óscar Berger le pidió la renuncia al antropólogo jakalteco Víctor Montejo Esteban, como secretario de la Paz, el pasado mes de abril, permitía un detallado análisis.

Ahora que Montejo renunció públicamente de la Gran Alianza Nacional (Gana) y se incorporó a la Unidad Nacional de la Esperanza, (UNE), argumentando que los Acuerdos de Paz y el tema indígena no fueron apoyados por el Gobierno mientras dirigió la Sepaz, pone sobre la mesa varios temas. Por el espacio me centraré en dos.

El primero se refiere a cómo el neoliberalismo no sólo ha provocado que el Estado de Guatemala se debilite, pero que simultáneamente logre algunas transformaciones en sus relaciones con miembros de los pueblos indígenas. Estos cambios provocan por un lado, que el Estado use para su propia agenda la disponibilidad de algunos mayas y por el otro, que los mayas acepten realizar alianzas con los gobiernos esperanzados en avanzar en las agendas de sus colectividades. Sin embargo, esta alianza, entre Estado e individuos indígenas, casi siempre ha terminado en una descomunal decepción para los pueblos a los que se argumenta representar.

Y el segundo sugiere que los colectivos y líderes mayas deben aprender de la experiencia de Montejo frente a la Sepaz, porque a estas alturas, lo indígena no puede ni debe seguir siendo un apéndice de un partido político y menos convertirse en un accesorio del Estado neoliberal. Debe llevar, además, a la reflexión de que la agenda indígena no la impone el partido de turno, sino los propios pueblos basados en sus urgencias y en sus aspiraciones. La alianza no debe ser entonces: Estado e individuos indígenas, sino Estado y Pueblos Indígenas. La creación colectiva de la agenda nos lleva otro punto relevante que es la representatividad, la que no puede descansar en una sola persona o un grupo reducido, sean o no profesionales. Pero para que exista una representatividad orgánica ésta debe tejerse dentro de todos y estar expuesta a la auditoría social de las bases.

Por ser Montejo un antropólogo, varios esperábamos que al dejar la Sepaz nos ilustrara, por haber estado dentro, sobre las limitaciones reales que el sistema posee y que frenan la participación plena de los mayas. Por eso, no sé si debe sorprendernos que ahora acepte unirse a otro partido político, porque con esta actitud no está criticando al partido que ahora hace gobierno; aunque tampoco debe plantearse como un simple cambio “de columpio o de hamaca”, como lo definió el vicepresidente Eduardo Stein, sino es más grave. Montejo está encubriendo al sistema y a los partidos políticos, que de no transformarse estructuralmente, cualquier otro indígena que acepte un cargo público poco podrá incidir y terminará como varios: caminando sin rumbo.

Por eso, uno de los desafíos para los hombres y las mujeres indígenas es: ¿si deben continuar participando en el sistema tal y como está. O si la prioridad es buscar la transformación del sistema a través de mecanismos democráticos para sólo entonces aceptar cargos oficiales?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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