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“Stan” y los modelos ultra-liberales
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 16 de octubre de 2005

A pesar de que el suroccidente de Guatemala enfrentó marginalmente el ojo de la tormenta Stan, las pérdidas en vidas humanas, daños emocionales, destrucción de cosechas, animales y de infraestructura son incalculables.

Observar el desaparecimiento de comunidades, derrumbe de cerros, deslave de elevaciones, desbordes de ríos, destrucción de puentes y hundimiento de carreteras indica que no estamos ante un panorama apocalíptico, sino ante las consecuencias de un sistema económico y político mundial que es voraz y exterminador.

Antes de Stan, la red vial y el sistema de salud de la región estaban por colapsar. El paso de la tormenta desnudó una realidad –que no es un castigo divino– que está conectada con la larga crisis y el costo social de haber aplicado modelos ultraliberales en países del Tercer Mundo que han destruido el medio ambiente. La crisis se materializa en la incapacidad del Estado guatemalteco en responder eficazmente, como es su responsabilidad, ante tragedias de cualquier tipo. Por ejemplo, en la región occidental, luego de Stan los hospitales no tenían jeringas; Conred pedía por radio la donación de gasolina; las municipalidades carecían de tractores o motosierras, y apelaban a que particulares las prestaran para cortar árboles caídos y despejar caminos.

La falta de recursos, prevención o profesionalización estatal no es responsabilidad total de las actuales autoridades, argumentar esto es no reconocer que este vacío existe en Nicaragua, Bolivia o México. Hoy, cualquier tragedia nos dice que el desmantelamiento del Estado por las fuerzas hegemónicas mundiales a partir de la década de los 80 ha provocado que éste sea incapaz de responder con efectividad a urgencias y que apele a la caridad nacional o internacional que es un paliativo, pero no una solución integral. También muestra cómo este sistema en su afán por mercantilizar a extremo los recursos naturales ha terminado socavándolos y provocando cambios que luego se revierten y golpean a los pobres. ¿Acaso el irrespeto a los ríos no provoca que ante tormentas como Stan estos decidan retomar sus cauces originales? Además, estos eventos muestran cómo la ideología del individualismo ha penetrado en las colectividades. En la región golpeada, un buen número de personas apoyó, pero otros se dedicaron a vender el garrafón de agua a Q75 o el galón de gasolina a Q50.

No solo la naturaleza provoca tragedias, como la que Stan dejó, también las políticas económicas que se diseñan y se imponen a los pobres. Luego del huracán Mitch, que fue de menor magnitud en radio y pérdidas en el país, solo en la comunidad Nueva Cajolá, ubicada en Champerico, Retalhuleu, el 25 por ciento de su población joven y masculina emigró ilegalmente a Estados Unidos. Luego de Stan no puede predecirse lo que ocurrirá, pero sí reconocer que se esfumaron las ilusiones de muchos y que nos toca pensar en la nueva miseria que abrazará a los de siempre, a los que están abajo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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