Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Resistir la asimilación
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 22 de enero de 2007

Xeljú como la expresión de la resistencia organizada.

El historiador Arturo Taracena documentó cómo desde la época colonial hasta 1850, el poder político de la ciudad de Quetzaltenango se concentró y se alternó en no más de 30 familias criollas y ladinas. Y aunque los k’iche’ se resguardaron en su alcaldía no podían decidir en todos los asuntos que impactaban en sus vidas. Es más, muchos k’iche’ terminaban siendo castigados corporal y públicamente por las autoridades ladinas.

Con la abolición del poder local k’iche’ se les obligó a aceptar el cargo de jueces de Ejidos y Bosques dentro del Concejo Municipal, que posteriormente se transformó en la Concejalía de Ejidos y Caminos Rurales, que era la última posición. Este miserable cargo fue interpretado como la máxima expresión de la pérdida de poder. Por eso, durante el siglo XX, se plantearon construir un vehículo político que les permitiera romper con el círculo de exclusión.

Un colectivo inmerso en un proceso de concienciación y reflexión –fortalecido por el trabajo del fundador de la Academia Maya–Quiché, el lingüista Adrián Inés Chávez– buscó entender y resistir la asimilación. Esos jóvenes profesionales, artesanos, comerciantes y estudiantes, iniciaron procesos de consulta y convencidos de la necesidad de un comité que representara los intereses del sector indígena de Quetzaltenango, fundaron en noviembre de 1972, en la casa del artesano Fermín Quemé, el Comité Cívico Xel–Jú.

Este comité abrió espacios para las demandas étnicas en una época en que las luchas por los derechos indígenas estaban vedadas y aunque buscó que su membresía incluyera a ciudadanos ladinos, esto no lo logró en sus inicios. Varios hombres ladinos simpatizaban con sus propuestas, pero muy pocos aceptaron trabajar a la par de ellos.

Un ejemplo fue un reconocido catedrático de diversificado, quien aceptó ser parte de la planilla de 1978, pero renunció a los pocos días. Él reconoció ante la Junta Directiva del Comité que su mundo ladino lo presionó remarcándole “¡que cómo iba a participar con los indios!”, y amenazándolo “que si lo hacía le quitarían el crédito que tenía en los almacenes”.

La construcción de Xel–Jú al final del siglo XX, permite visualizar la capacidad de maniobra de este sector indígena, que supo aprovechar pequeños espacios para prepararse, actuar, negociar, transformarse y avanzar políticamente a través de sangrientas épocas y gobiernos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.