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Opresión compartida
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 12 de febrero de 2007

Se intensificaron los despojos de tierra indígena.

Con la llegada al poder del general Romeo Lucas García se inició una de las épocas trágicas de la Historia contemporánea. Entre las atrocidades documentadas están el asalto y la quema de la Embajada de España, el 31 de enero de 1980, en la que fueron incendiadas 39 personas. Naciones Unidas reconoce que cometió 538 masacres en el área rural, que superan las 442 que se ejecutaron en la época del general Efraín Ríos Montt.

El asesinato de 35 líderes del Frente Unido de la Revolución y del Partido Socialista Democrático –como Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr– y de más de 100 estudiantes y catedráticos de la Universidad de San Carlos de Guatemala, entre ellos Oliverio Castañeda de León, secretario de la Asociación de Estudiantes Universitarios.

Además, 44 sindicalistas fueron secuestrados, 27 fueron sacados de la sede de la Central Nacional de Trabajadores y nunca aparecieron. Y más de una decena de periodistas fueron secuestrados o asesinados.

Mientras en el norte del país, con la instalación de destacamentos militares desde 1975, se intensificaron los despojos de tierra indígena, por finqueros y militares. Aumentaron las amenazas, palizas, ataques sexuales a mujeres, secuestros masivos y asesinatos de líderes indígenas en los municipios de Uspantán, Chajul, Cotzal y Nebaj, en Quiché.

El salario mínimo en el campo vigente desde 1973 era de Q1.12 y Q1.05 diarios. Pero el real en fincas de la costa sur y las Verapaces era de Q.0.25. Cuando lo mínimo para cubrir la alimentación de una familia de 5 miembros era de Q5 diarios.

En Quetzaltenango, Xel-Jú traía su propio proceso político. Y aunque no compartían la pobreza económica de la mayoría de indígenas, sí compartían la opresión racial y sabían que para un “indio” no bastaba ser profesional o tener una posición económica estable. Por eso, varios se unieron a otros mayas a nivel nacional para que cancelaran el evento de Rabin Ajaw.

Mientras en el Centro Universitario de Occidente se analizaba la realidad nacional a través del marxismo leninismo, lo que acercó a varios a una posición radical, pero la decisión final la afinó la violencia selectiva que se inició en la ciudad en contra de estudiantes y profesionales indígenas y ladinos.

La combinación entre racismo, explotación y represión los conectó a un conflicto nacional en el que la izquierda armada invitó a Xel-Jú a unirse al movimiento revolucionario.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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