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Aliado natural
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 6 de marzo de 2007

Pocos guerrilleros así lo entendieron.

La comandancia y los cuadros intermedios –en su mayoría hombres ladinos, urbanos, educados, de clase media– de los grupos guerrilleros que operaron en Guatemala asumieron teóricamente que un aliado natural a sus luchas y demandas de igualdad económica eran los pueblos indígenas, porque más del 90 por ciento eran pobres.

En parte, no fue un análisis errado, porque eran las comunidades indígenas –con sus brazos baratos y masivos que incluían mujeres y niños, los que eran acarreados en camiones, amontonados en galeras sin cocinas, agua, sanitarios o energía eléctrica y vigilados las 24 horas del día por miembros de la Policía Militar Ambulante o la seguridad privada de las fincas– las que hacían funcionar la economía nacional que se basaba en la agroexportación. O sea, al no cumplirse el Código de Trabajo se permitió la reproducción de un sistema tirano en las fincas latifundistas.

De igual forma, un torrente de mujeres indígenas jóvenes, cuando no emigraban a las fincas lo hacían a la capital o a las principales ciudades y se empleaban como domésticas. Era común leer en vitrinas de comercios o casas “se necesita sirvienta” o “se necesita criada”. Al igual que en las fincas trabajaban más de 14 horas diarias, con la diferencia de que en los latifundios enfrentaban los vejámenes colectivamente, pero en las casas lo hacían solas.

Y los abusos que vivieron desde físicos hasta sexuales son a la fecha delitos impunes. Ellas no vivieron en un contexto social en donde la correlación de fuerzas tuviera un equilibrio relativo y les facilitara denunciar y buscar justicia.

En las décadas de 1970 y 1980 no había mujeres indígenas en dependencias públicas o privadas, menos en organismos internacionales trabajando en áreas de dirección, técnicas o de asistencia administrativa, que lo hicieran asumiendo y expresando su identidad. Las pocas estaban en el servicio de limpieza.

O sea, había una ruta analítica y práctica que los indígenas compartían con los grupos guerrilleros: la opresión de clase. Pero se separaban los caminos cuando los indígenas planteaban que además de la opresión de clase, colectiva e individualmente, enfrentaban la opresión racial. Pocos dirigentes guerrilleros lo entendieron. En Quetzaltenango líderes del Comité Xel Jú se lo plantearon a los dos grupos guerrilleros que se les acercaron buscando construir alianzas en 1980.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 050307


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