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¿Fin de las ideologías?
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 26 de marzo de 2007

La paz no trajo consigo una visión crítica de las doctrinas.

El ingreso y la socialización de la doctrina marxista a Guatemala fue a través de algunos funcionarios e intelectuales del primer gobierno de Juan José Arévalo. Esa experiencia fortaleció la discusión y facilitó el escenario para el primer y único intento del siglo XX en Guatemala de un gobierno socialista, como lo fue el de Jacobo Arbenz Guzmán, que basado en el socialismo, buscó transformar el Estado e intentó materializar esa doctrina política y filosófica en políticas públicas.

Con la contrarrevolución de 1954, encabezada por la élite agroexportadora y el Gobierno de los Estados Unidos, a través de la CIA, se inició la política anticomunista que erradicó todo intento de prueba y ensayo que se basó en el marxismo.

O sea, se forzó a estudiar ese marco teórico en la clandestinidad y se redujo a pequeños espacios, como a los grupos guerrilleros que se iniciaron en la década de 1960, cuyos líderes se basaron en el marxismo-leninismo, aunque algunos fueron influenciados por la corriente de Liev Trotsky.

También, en las áreas de formación de la Universidad de San Carlos, en donde, dado el enfrentamiento armado, no se permitió una discusión amplia. Y finalmente, dentro de un abanico de intelectuales. Lamentablemente muchos lo asumieron como un marco dogmático inamovible -críticos de la religiosidad cayeron en la trampa de actuar con la verticalidad de la institución que cuestionaban- y no como una herramienta política y económica.

Al firmarse la paz entre la URNG y el gobierno en 1996, se pregonó que se enterraba la lucha ideológica reducida a la bipolaridad entre la derecha y la izquierda, como si la guerra de 36 años no estuvo conectada a la cadena de exclusiones que enfrentaron los pueblos indígenas. Esta postura fue determinada por dos hechos históricos: el primero, la autodisolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en 1991; y el segundo, la ola mundial neoliberal que se impulsó en esa década en América Latina por el Consenso de Washington y en la que sus intelectuales pregonaron masivamente el fin de las ideologías.

En resumen, la discusión en Guatemala se estancó, el marxismo se satanizó y se enterró, y las corrientes analíticas que emergieron de la lucha política y la experiencia indígena local, como la que vivió Xel-Jú frente a los grupos guerrilleros marxistas-leninistas, no llegaron a Guatemala traducidas en teoría racial crítica.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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