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Fragmentación indígena
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 30 de abril de 2007

No es lo mismo ser empleado que ser propietario.

La mayoría de los k’iche’ de Quetzaltenango han estado conscientes históricamente –aunque de manera general– de su estatus de clase. Esta posición puede analizarse en los documentos que registran el rol que desempeñó la Alcaldía indígena como un ente político, que no solo tenía la responsabilidad de solucionar las demandas y problemas de este colectivo sino de reclamar, en los últimos años de su existencia, la igualdad ciudadana para ellos y para sus hijos. También apelan a su condición social en los documentos que registraron las gestiones a nivel local y nacional, que este sector realizó, de finales de 1890 hasta la contrarrevolución de 1954, en su lucha por no perder la posesión de las pocas tierras comunales que aún les quedaban.

Además, puede rastrearse ese posicionamiento k’iche’ en la larga historia que está detrás de la Cofradía del Niño del Santísimo, cuya conformación se remonta a 1600, la cual ha sido un importante refugio para la espiritualidad indígena urbana, que no tuvo otra salida que aceptar públicamente un rostro con sus respectivos rituales católicos. Aunque en el último siglo este ente religioso se convirtió en un espacio casi cerrado, que controló exclusivamente una pequeña parte de la élite k’iche’, cuyas familias se rotaban la responsabilidad pública y religiosa de asignarse la cofradía anualmente.

Sin embargo, este espacio de prácticas espirituales se fue constituyendo en una importante combinación que les asigna a sus miembros prestigio, ubicación económica y poder social. En las últimas décadas, varias familias k’iche’, para ingresar al círculo de élite, han pasado por el ritual de ser parte de esta cofradía y cumplir con los requisitos que implica trabajar y aportar económicamente durante varios años a esta institución.

En la práctica diaria, este sector no solo reconoce, sino también aborda las características internas que los unen, o las diferencias que los colocan en posición de ventaja frente a otros que son pobres, y que son la mayoría. No es lo mismo, dentro de este colectivo, ser empleado de una empresa –sea mediana o pequeña– que ser el propietario de la empresa, aunque ambos sean k’iche’.

Sus posiciones de clase van con ellos a los diferentes espacios en los que se ubican y viven, e influyen sutil o abiertamente en la construcción de sus amistades, alianzas matrimoniales y, por supuesto, en su participación política partidista.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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