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Alianza interétnica
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 21 de mayo de 2007

Implicaba la participación activa de las diferentes culturas.

Por varias razones, Xel-Jú no ganó la alcaldía quetzalteca en 1990. Algunas tuvieron relación con procesos externos, como la obligatoriedad de la inscripción y del empadronamiento de los ciudadanos. En esa época, para un número de indígenas, especialmente mujeres y ancianos, analfabetas o rurales en edad de votar, solo el trámite de obtener su cédula ya era complejo.

Así que tener que empadronarse se convirtió en un desafío difícil de lograr ante la falta de información y formación a nivel local. O sea, el proceso en sí de empadronamiento impidió que un buen número de las bases votara.

Otra razón fue la cantidad de votos que al Xel-Jú se le anularon, un promedio de 10 por mesa, porque los votantes, al momento de marcar la papeleta, rebasaron el símbolo y fueron votos restados. Esta debilidad esta conectado con los niveles de analfabetismo real y funcional de los seguidores del Comité.

También hubo razones internas que impidieron que el triunfo, que sentía tan seguro, se materializara.

Por ejemplo, se centraron en trabajar con los seguidores y se olvidaron de los indecisos, especialmente del sector ladino y mestizo que se identificaba y apoyaba en voz baja, las demandas históricas de los k’iche’s y que deseaban intentar la construcción de un genuino proceso multicultural en una ciudad enfrentada y dividida racialmente.

En esa época, la dirigencia de Xel-Jú, que fue visionaria, tuvo límites, no pudo vislumbrar las ventajas de liderar una alianza interétnica que permitiera iniciar las bases de una propuesta política, generada de procesos de negociación, que planteara construir un modelo hasta entonces no intentado, porque implicaba la participación activa, pero en condiciones de igualdad, de las diferentes culturas que vivían en el municipio.

También prestaron poca atención a las demandas y necesidades de los jóvenes que, para entonces, eran un caudal electoral considerable, dado el porcentaje poblacional que representaban.

Es cierto que la dirigencia actuó con precaución porque aún vivían bajo el temor de la guerra, a la que no se le visualizaba una salida, y porque a nivel nacional eran testigos de un proceso de paz raquítico. Pero no se puede negar que a lo interno, el Comité, desde su formación, reflejó y reprodujo las opresiones que vivían a nivel nacional las mujeres. Por eso, no escaparon de marginar a las mujeres indígenas de los puestos de elección municipal.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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