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Desencuentro
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 4 de junio de 2007

Nunca ocurrió un encuentro entre dos mundos.

En octubre de 1991 se celebró, en la ciudad de Quetzaltenango, el II Encuentro Continental 500 años de Resistencia Indígena y Popular.

El evento es histórico, primero, porque el Quinto Centenario logró ser posesionado desde los grupos subalternos de América como un referente de cinco siglos de resistencia indígena.

Segundo, porque mostró las divisiones que existían dentro del movimiento indígena de América y de Guatemala, especialmente entre el sector que se identificaba y apoyaba las propuestas del movimiento guerrillero, en donde prevalecía un análisis económico y el sector de académicos indígenas que rechazaba la organicidad con la izquierda armada y apelaban a un movimiento indígena con demandas propias y sin dependencias.

Y tercero, el haberse realizado en un centro urbano indígena mostró cómo la posición de clase media k’iche’ les dio elementos, a los comerciantes y profesionales, para negarse a participar de un evento que planteaba demandas ajenas a ellos.

Las diferencias fueron evidentes desde quiénes y con qué visión trabajaron en la planeación y logística del evento. El Encuentro en Guatemala fue organizado por un colectivo de organizaciones indígenas aglutinadas en la Coordinadora Maya Majawil Q’ij, Nuevo Amanecer, que fundaron en 1990, en donde líderes y organizaciones populares, como el Comité de Unidad Campesina jugaron un rol activo.

En ese momento, la mayoría de organizaciones indígenas nacionales se reorganizan e intentan rearmar su vida pública después del genocidio de la década de los ochenta, y priorizan su agenda que, por un lado, seguía las directrices de la comandancia general de los grupos guerrilleros, especialmente del Ejército Guerrillero de los Pobres y de la Organización del Pueblo en Armas, lo cual tuvo un costo. Por el otro lado, sus acciones buscan amparo en los pocos espacios que abrió la Constitución Política de 1985.

El encuentro tenía el objetivo de contrarrestar el programa oficial y estatal del Gobierno y de las elites de Guatemala que hacían eco a la política internacional y oficial de España, que buscaba celebrar “el Encuentro de dos mundos.” En Quetzaltenango se reafirmó que nunca ocurrió un encuentro entre el mundo de los pueblos originarios y el mundo de las huestes españolas.

Y se evidenció, además, que los mundos convocados al II Encuentro tenían severas diferencias ideológicas y políticas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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