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Radiografía histórica
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 12 de junio de 2007

En América Latina las reivindicaciones indias no necesitaban intermediarios.

El II Encuentro Continental 500 años de Resistencia Indígena y Popular –Quetzaltenango 1991– fue una radiografía que mostró las diferencias históricas, ideológicas, de lucha y control del poder, entre el movimiento popular, dirigido por élites de intelectuales ladinos y el movimiento indígena latinoamericano, integrado por líderes campesinos, obreros, de organizaciones de base y comunidades que vivían en severa pobreza.

Se esperaba una participación indígena masiva, porque eran los actores que debían cuestionar los procesos de colonización y neocolonización que enfrentaban. Pero del total de delegados solo se invitó a un 10 por ciento de indígenas, el resto fueron miembros de movimientos de izquierda. Por eso, el evento mantuvo una línea marxista leninista y marginalizó la agenda indígena. Ante esto la mayoría de indígenas dejaron el Encuentro y realizaron reuniones paralelas en otros espacios de la ciudad. La decisión molestó a la dirigencia popular, que los acusó de separatistas.

Entre las limitaciones del Encuentro están la poca participación de los pueblos originarios y que los no indígenas quisieron delinear el trabajo indígena; prevaleció el racismo de los dirigentes populares al subsumir lo indígena dentro de las demandas de clase; se mantuvo la verticalidad de un modelo único que impidió valorar las diversas luchas y demandas indígenas americanas; se evidenció la incapacidad de la izquierda para crear puentes de respeto y conexión entre peticiones indígenas y populares y poca claridad que en América Latina las reivindicaciones indias no necesitaban intermediarios.

El encuentro concluyó con una multitudinaria marcha que fortaleció la candidatura de Rigoberta Menchú al premio Nobel de la Paz de 1992 y afectó a la dirigencia indígena, que empezó a labrar caminos complejos.

A Rigoberta Menchú la reacercó a su mundo originario, a Evo Morales lo llevó a flexibilizar su postura de lucha de clases, a Demetrio Cojtí le permitió más espacio de maniobra, a Rosalina Tuyuc le facilitó conexiones con organizaciones de mujeres, a Rigoberto Quemé, Ricardo Cajas, Rolando Aguilar y otros les mostró lo lejos que estaba de la lucha su sector de proveniencia, mientras que a Juan Tiney, Pedro Esquina y Juana Vásquez les modificó su conciencia popular. A otros líderes latinoamericanos, que no tengo espacio para mencionar, el II Encuentro les influyó en el camino que decidieron tomar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 110607


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