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Rigoberto Quemé Chay
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 9 de julio de 2007

Quemé es hijo de una familia de artesanos.

El 13 de noviembre de 1995 Rigoberto Quemé Chay ganó la alcaldía de Quetzaltenango con 7 mil 206 votos. El único candidato k’iche’ de diez que participaron. Fue un triunfo político y simbólico profundo, porque Xel-Jú llegó a la Alcaldía de la segunda ciudad del país luego de 25 años de persistencia y evolución. Quemé se convirtió en el primer k’iche’ que asumió el poder desde 1894, cuando la Alcaldía indígena fue abolida por el Gobierno de José María Reina Barrios quien, además, les confiscó su edificio construido por ellos. A partir de entonces, los indígenas de la ciudad perdieron poder político sobre sus asuntos, porque se les asignó la última Concejalía: la de Bosques y Ejidos.

Quemé es hijo de una familia de artesanos-comerciantes. La crisis de la tejeduría a mediados del siglo XX le impidió a su familia prosperar, como miles de niños indígenas fue mano de obra familiar y se calzó a los cinco años de edad. Posteriormente, sus responsabilidades familiares le impidieron priorizar su formación académica y durante 15 años se dedicó a la sastrería fundando Copeca, una pequeña empresa. Se inscribió en la Universidad pública a los 37 años, donde se graduó de Administrador de Empresas, luego cursó una maestría en Antropología y otra más en Administración Pública.

Fue dos veces concejal municipal postulado por Xel-Jú, en los períodos de 1978-1982 y en 1991-1995. En diciembre de 1994 fue postulado por el subcomité de San José Chiquilajá y en enero de 1995 electo candidato del Comité. Renunció al Concejo Municipal e inició una campaña en la que sobresalió como orador, analista y experto en la temática municipal. En los foros y debates fue evidente la distancia que se marcó entre él y el resto de candidatos.

Quemé tenía méritos indiscutibles, logró alianzas con sectores no imaginados, como con la élite criolla de la ciudad, el apoyo público de Roberto F. Gutiérrez, hacia él y el comité fue histórico, pero no puede obviarse que parte del triunfo fue producto del trabajo de familias extensas, de mujeres, viejos líderes anónimos de barrios, cantones y zonas rurales que no claudicaron en su lucha.

Además, fue clave el plan de trabajo, el conformar una planilla en la que por primera vez participaron mujeres indígenas y ladinas, jóvenes y profesionales ladinos. Un proceso, hasta entonces, no imaginado, pero logrado por los k’iche’ en una ciudad histórica y racialmente confrontada

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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