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Trágica ruptura
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 16 de julio de 2007

Lo importante en la arena política no es ganar, sino mantenerse.

El gobierno de Rigoberto Quemé Chay duró 8 años. En la primera gestión (1996-2000), la corporación trabajó con visión de mediano y largo plazo en planes maestros de agua, drenajes, áreas protegidas, centro histórico y rotondas. En el área rural se impulsaron políticas sociales, se capacitó a hombres y mujeres, y se construyeron manuales. Se dotó de aparatos de comunicación a los alcaldes auxiliares. Construyeron guarderías para niños y para adolescentes, la Casa Joven.

En cultura, el certamen de Juegos Florales Centroamericanos se promovió a Hispanoamericanos y se dobló el premio. Se fortaleció el financiamiento municipal, la recaudación que era de Q10,000 se elevó a Q70,000 por medio de impuestos a mercados y el IUSI. Quemé construyó alianzas con sectores empresariales, para promover el desarrollo de la ciudad, pero descuidó el acercamiento con sectores populares organizados, como la Unión de Trabajadores de Quetzaltenango y con otros sectores aliados y/o de oposición.

En la segunda gestión (2000-2004) no hubo continuidad a la visión, se constituyó una corporación con otros actores y planteamientos diferentes que no lograron cohesionarse alrededor del proyecto.

Esto fue evidente dentro de los concejales y síndicos de Xel-Jú, cuyas diferencias internas se profundizaron y terminaron fortaleciendo a la oposición. Además, al ganar Quemé la reelección pensó en la posibilidad de llegar a ser candidato presidencial y empezó a trabajar a nivel nacional, a costa de descuidar la administración local.

Un golpe mortal para la administración fue el caso de corrupción de uno de los concejales de Xel-Jú, que aunque fue juzgado y sentenciado, ni el Consejo Municipal ni el Xel-Jú asumieron una posición pública sólida. En un contexto de desgaste, la relación entre Xel-Jú y Quemé empezó a quebrantarse.

Al parecer, Quemé sobredimensionó su liderazgo, asumió la posición de que no lo podían cuestionar, incluyendo la directiva de Xel-Jú, porque no estaba a su nivel intelectual y de liderazgo, lo que provocó un enfrentamiento que terminó en una trágica e irreconciliable ruptura.

Lo que tanto trabajo costó construir, se echó abajo por Quemé, la Junta Directiva y los líderes de Xel-Jú, quienes no tuvieron la capacidad de fortalecer un proceso. Esta etapa ratifica que lo importante en la arena política no es ganar una elección, sino tener la capacidad de mantener el poder, sirviendo a los demás.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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