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Rigoberta Menchú
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala,10 de septiembre de 2007

En un país tan racista los izquierdistas la atacan.

Hoy tendremos los datos de las elecciones generales de ayer, pero independientemente del conteo, un hecho histórico fue la participación de Rigoberta Menchú Tum –Premio Nobel de la Paz, 1992– como candidata a la Presidencia de la República por varias razones: primero, demostró que los indígenas llegaron al siglo XXI desafiando el proyecto nacional que buscó la asimilación de los indígenas. Su participación reafirmó el fracaso de las visiones decimonónicas.

Segundo, se abrió paso dentro de los hábiles y mañosos políticos que controlan los partidos y el escenario nacional. Negoció en condiciones desiguales con un partido nuevo, pero lleno de prácticas racistas, actitudes humillantes y sevilistas hacia los indígenas, pero supo mantener el proceso.

Tercero, enfrentó el momento con sabiduría, no fue lo mismo ser candidata al Nobel en 1992 –cuando en medio de una guerra la mayoría de indígenas consideraban que era la voz que denunciaba el genocidio estatal– que ser candidata presidencial en 2007, cuando los indígenas fragmentados por los partidos políticos o por intereses personales, llevó a algunos líderes a rechazar su candidatura a través de publicaciones.

Cuarto, demostró que los indígenas están en capacidad de construir partidos políticos sin depender de la izquierda dogmática. Ella rompió la premisa de que los indígenas no pueden avanzar fuera del marco ideológico y de la plataforma política que proporciona el marxismo ortodoxo. Y enfrentó los ataques de los activistas de esos partidos con dignidad.

Quinto, financió con sus fondos y aportes de comunidades la campaña. No aceptó millonarias donaciones que le pedían sutilmente que miembros de su equipo bajaran el perfil en luchas comunitarias. Y finalmente, su presencia vestida con güipiles, cortes y perrajes sencillos empoderó a mujeres indígenas, ladinas y mestizas que, como ella, no pudieron formarse profesionalmente, pero que aprovechando el correr del reloj en lugar de victimizarse se amarró el corte, se trenzó el pelo y se puso al frente de un movimiento político nacional.

Por lo que Rigoberta ha construido, no es extraño que en un país tan clasista la derecha la rechazara o buscara utilizarla; que en un país tan racista los izquierdistas la atacaran; que en un país tan machista sus hermanos la deslegitimaran y que en un país con poca conciencia sus hermanas la envidiaran. A pesar de todo, Rigoberta volvió a romper esquemas.

Fuente www.elperiodico.com.gt


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