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Comprando historia
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala,17 de septiembre de 2007

Continuará la “belle époque” del neoliberalismo.

La posición en la que fue ubicada Rigoberta Menchú, luego de las elecciones generales, permite analizar cómo el colonialismo y la hegemonía se entrelazan en el actuar de los pueblos indígenas de Guatemala.

Evidentemente los indígenas, que hoy son jurídicamente independientes, no han podido romper ni interna ni externamente con un largo colonialismo que ha sido político, militar, informativo, cultural y económico, y allí opera el proceso hegemónico porque hasta el momento estos pueblos no han construido una dirigencia nacional, no han elaborado una propuesta propia, ni tejido un sistema de alianzas de clase y étnicas que les lleve a movilizarse y a responder a los desafíos del sistema económico y del Estado.

Mientras tanto la pequeña clase dominante –blanca y de origen criollo– utiliza la hegemonía porque en parte allí está su capacidad de dirección, de conquistar alianzas y de proporcionar una base social al Estado que necesita para seguir creando y concentrando riqueza. Pero la hegemonía opera en doble vía e implica que hay un consentimiento de las clases o de los pueblos indígenas a los que se controla.

La hegemonía opera en los indígenas cuando estos asumen en posición de lucidez, servidumbre o victimización y aceptan las tajadas o las migajas en especie –regalos como güipiles, lencería, cortes, hilos, láminas, gallinas, útiles escolares–, monetarias –pago por voto, por asistir a mítines, por ondear banderas en las calles, cantar canciones o bailar– o a futuro a través de promesas de trabajo, que da y ofrece la élite a través de los candidatos y de las estructuras de los partidos políticos.

En este sistema y en este país cualquier candidato que basara su campaña en la dignidad humana para construir un proyecto no hubiera ganado. Rigoberta solo demostró que dentro del neocolonialismo y de la hegemonía posmoderna la internalización del racismo es profunda y despojarse de esta no es una elección personal, sino también social, de los indígenas. Esto lo saben los presidenciables que ocuparon los primeros tres lugares. Por eso, ellos y los grupos que los financian no han escatimado millones en vender la idea de que continuará la belle époque del neoliberalismo y que el capital es la promesa que llevará a los guatemaltecos a la felicidad. Y lo es para unos, de hecho los candidatos que pasaron a la segunda vuelta han demostrado lo barato que es comprar un pedazo en la historia.

Fuente www.elperiodico.com.gt


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