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Débil legitimidad
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj - Guatemala, 5 de noviembre de 2007

Se perpetúa la debilidad del sistema.

Hoy el país amaneció con un nuevo gobernante que fue electo dentro de un marco que intenta desesperadamente democratizarse pero que no lo ha logrado, por deficiencias estructurales del país y del sistema que se han arrastrado y que no han querido enfrentarse por quienes, teniendo el poder y el deber de hacerlo, no lo han hecho.

Hay que analizar, contrario al discurso oficial y al del partido ganador, ¿por qué este proceso concluye revestido de una débil legitimidad? En parte, las respuestas están en las evidencias de una serie de ilegalidades que se iniciaron el año pasado y que se fueron acumulando hasta el día de ayer.

Transgresiones que aunque fueron denunciadas por algunas voces críticas, individuales y colectivas, terminaron opacadas o desechadas por el discurso complaciente de sectores e instituciones que se aferraron en defender, durante el sangriento y corrupto proceso, lo que ante las evidencias era indefendible.

Preocupa que al identificar a los responsables de las violaciones se encuentre que la mayoría las cometieron, directa o indirectamente, los partidos políticos, algunos candidatos a la Presidencia, al Congreso y a las alcaldías que eran, en este “juego democrático”, los actores más interesados en que el sistema funcionara con transparencia, primero porque garantiza su permanencia en el poder, y segundo porque les permite alcanzar acuerdos para ejercer el poder en beneficio colectivo.

Este proceso genera otro Gobierno relativamente legítimo, pero con poca representatividad, y esto tendrá repercusiones en el próximo mandato dado el alto porcentaje de ausentismo a las urnas, la cantidad de votos en blanco y de votos nulos. Si a estas tres categorías se suma la compra masiva y descarada de votos –que se realizó y que puede demostrarse en las regiones indígenas pobres y en las áreas marginales de la capital– y los “errores” en el padrón electoral –que permitió que algunos votaran dos veces, que votaran muertos y hasta extranjeros– se da una sumatoria que indica que éste será nuevamente el Gobierno de unos pocos, pero no será el Gobierno de la mayoría de los pueblos y sectores de Guatemala.

Porque al argumentar lo contrario sólo se perpetúa la debilidad del sistema y se niega la posibilidad de su reestructuración.

Por eso, si una de las características claves de la democracia es la elección libre de las autoridades, en el caso de Guatemala este postulado teórico fracasó.

Fuente www.elperiodico.com.gt


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